Romanos - RVG


Reina Valera - RVG


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Romanos - 16

 

1:1  Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,
1:2  que Él había prometido antes por sus profetas en las Santas Escrituras,
1:3  tocante a su Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que fue hecho de la simiente de David según la carne,
1:4  y que fue declarado ser el Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,
1:5  por quien recibimos la gracia y el apostolado, para obediencia de la fe en todas las naciones, por su nombre;
1:6  entre los cuales estáis también vosotros, los llamados de Jesucristo.
1:7  A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos. Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
1:8  Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo acerca de todos vosotros, de que en todo el mundo se habla de vuestra fe.
1:9  Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones,
1:10 rogando que de alguna manera ahora al fin, por la voluntad de Dios, haya de tener próspero viaje para ir a vosotros.
1:11 Porque deseo veros, para impartiros algún don espiritual, para que seáis afirmados,
1:12 esto es, para que sea yo confortado juntamente con vosotros por la fe mutua, mía y vuestra.
1:13 Mas no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado) para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los otros gentiles.
1:14 A griegos y a bárbaros; a sabios y a no sabios soy deudor.
1:15 Así que, en cuanto a mí, presto estoy a predicar el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.
1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio de Cristo; porque es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
1:17 Porque en él la justicia de Dios es revelada de fe en fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
1:18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia detienen la verdad;
1:19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto; porque Dios se lo manifestó.
1:20 Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y Divinidad, son claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; así que no tienen excusa.
1:21 Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se envanecieron en sus discursos, y su necio corazón fue entenebrecido.
1:22 Profesando ser sabios, se hicieron necios,
1:23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible, en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de cuadrúpedos, y de reptiles.
1:24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, a las concupiscencias de sus corazones, a que deshonrasen entre sí sus propios cuerpos,
1:25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por siempre. Amén.
1:26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza;
1:27 y así también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, recibiendo en sí mismos la recompensa que convino a su extravío.
1:28 Y como no les pareció retener a Dios en su conocimiento, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer lo que no conviene;
1:29 estando atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad; llenos de envidias, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades;
1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres;
1:31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;
1:32 quienes conociendo el juicio de Dios, que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que aun consienten a los que las hacen.

 

2:1  Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.
2:2  Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que hacen tales cosas es según verdad.
2:3  ¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas a los que hacen tales cosas y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?
2:4  ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, y paciencia y longanimidad, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?
2:5  Mas por tu dureza, y tu corazón no arrepentido, atesoras ira para ti mismo, para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios;
2:6  El cual pagará a cada uno conforme a sus obras:
2:7  A los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, vida eterna.
2:8  Pero indignación e ira, a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, antes obedecen a la injusticia.
2:9  Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente, y también el griego.
2:10 Pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente, y también al griego.
2:11 Porque no hay acepción de personas para con Dios.
2:12 Porque todos los que sin ley pecaron, sin ley también perecerán, y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados.
2:13 Porque no son los oidores de la ley los justos para con Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados.
2:14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, no teniendo ley, son ley a sí mismos,
2:15 mostrando ellos, la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia y sus pensamientos, acusándose o aun excusándose unos a otros,
2:16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo, los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.
2:17 He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios,
2:18 y conoces su voluntad, y apruebas lo mejor; siendo instruido por la ley;
2:19 y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,
2:20 instructor de los ignorantes, maestro de niños, que tienes la forma del conocimiento, y de la verdad en la ley.
2:21 Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas?
2:22 Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas a los ídolos, ¿cometes sacrilegio?
2:23 Tú que te jactas de la ley, al infringir la ley, ¿deshonras a Dios?
2:24 Porque el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros, como está escrito.
2:25 Porque la circuncisión ciertamente aprovecha si guardares la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión es hecha incircuncisión.
2:26 De manera que, si el incircunciso guardare la justicia de la ley, ¿no será su incircuncisión contada como circuncisión?
2:27 Así que, el que es incircunciso por naturaleza, si cumpliere la ley, ¿no te juzgará a ti que con la letra y la circuncisión eres transgresor de la ley?
2:28 Porque no es judío el que lo es por fuera; ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne;
2:29 sino que es judío el que lo es en el interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; cuya alabanza no es de los hombres, sino de Dios.

 

3:1  ¿Qué ventaja, pues, tiene el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión?
3:2  Mucho, en todas maneras. Primero, porque ciertamente a ellos les ha sido confiada la palabra de Dios.
3:3  ¿Y qué si algunos de ellos no han creído? ¿La incredulidad de ellos hará nula la fe de Dios?
3:4  ¡En ninguna manera¡ Antes sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado.
3:5  Y si nuestra injusticia encarece la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será Dios injusto que da castigo? (Hablo como hombre.)
3:6  ¡En ninguna manera! De otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?
3:7  Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué aún soy juzgado como pecador?
3:8  ¿Y por qué no decir (como somos difamados, y algunos afirman que decimos): Hagamos males para que vengan bienes? La condenación de los cuales es justa.
3:9  ¿Qué, pues? ¿Somos mejores que ellos? En ninguna manera; porque ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.
3:10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno.
3:11 No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.
3:12 Todos se desviaron del camino, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
3:13 Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan, veneno de áspides hay debajo de sus labios;
3:14 cuya boca está llena de maldición y de amargura;
3:15 sus pies, prestos para derramar sangre;
3:16 destrucción y miseria hay en sus caminos;
3:17 y camino de paz no han conocido.
3:18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.
3:19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, a los que están bajo la ley lo dice; para que toda boca se tape, y todo el mundo sea hallado culpable delante de Dios.
3:20 Por tanto, por las obras de la ley ninguna carne será justificada delante de Él; porque por la ley es el conocimiento del pecado.
3:21 Mas ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios es manifestada, siendo testificada por la ley y los profetas;
3:22 la justicia de Dios que es por la fe de Jesucristo para todos, y sobre todos los que creen; porque no hay diferencia;
3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios;
3:24 siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús;
3:25 a quien Dios ha puesto en propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia por la remisión de los pecados pasados, en la paciencia de Dios,
3:26 para manifestar su justicia en este tiempo; para que Él sea justo, y el que justifica al que cree en Jesús.
3:27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿De las obras? No, sino por la ley de la fe.
3:28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.
3:29 ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles.
3:30 Porque uno es Dios, el cual justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe, a los de la incircuncisión.
3:31 ¿Entonces invalidamos la ley por la fe? ¡En ninguna manera! Antes confirmamos la ley.

 

4:1  ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?
4:2  Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse; pero no delante de Dios.
4:3  Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.
4:4  Pero al que obra no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda.
4:5  Mas al que no obra, pero cree en Aquél que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.
4:6  Como David también describe la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin las obras,
4:7  diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.
4:8  Bienaventurado el varón al cual el Señor no imputará pecado.
4:9  ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.
4:10 ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando él en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.
4:11 Y recibió la señal de la circuncisión, el sello de la justicia de la fe que tuvo siendo aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados; a fin de que también a ellos les sea imputada la justicia;
4:12 y padre de la circuncisión, a los que son, no sólo de la circuncisión sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.
4:13 Porque la promesa de que él sería heredero del mundo, no fue dada a Abraham o a su simiente por la ley, sino por la justicia de la fe.
4:14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana es la fe, y anulada es la promesa.
4:15 Porque la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.
4:16 Por tanto, es por la fe, para que sea por gracia; a fin de que la promesa sea firme a toda simiente; no sólo al que es de la ley, sino también al que es de la fe de Abraham; el cual es padre de todos nosotros
4:17 (como está escrito: Padre de muchas naciones, te he hecho) delante de Dios, a quien creyó; el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.
4:18 El cual creyó en esperanza contra esperanza, para venir a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que le había sido dicho: Así será tu simiente.
4:19 Y no se debilitó en la fe, ni consideró su cuerpo ya muerto (siendo ya como de cien años), ni la matriz muerta de Sara.
4:20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que fue fortalecido en fe, dando gloria a Dios,
4:21 plenamente convencido que todo lo que Él había prometido, era también poderoso para hacerlo;
4:22 por lo cual también le fue imputado por justicia.
4:23 Y que le fue imputado, no fue escrito solamente por causa de él,
4:24 sino también por nosotros, a quienes será imputado, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor;
4:25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

 

5:1  Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo,
5:2  por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
5:3  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;
5:4  y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;
5:5  y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.
5:6  Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
5:7  Porque apenas morirá alguno por un justo; con todo pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.
5:8  Mas Dios encarece su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
5:9  Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por Él seremos salvos de la ira.
5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo; mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
5:11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.
5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
5:13 Porque antes de la ley, el pecado estaba en el mundo; pero no se imputa pecado no habiendo ley.
5:14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán; el cual es figura del que había de venir.
5:15 Así también fue el don, mas no como el pecado. Porque si por el pecado de uno muchos murieron, mucho más la gracia de Dios abundó para muchos, y el don de gracia por un hombre, Jesucristo.
5:16 Y el don, no fue como por uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino por uno para condenación, mas el don es de muchos pecados para justificación.
5:17 Porque si por un pecado reinó la muerte, por uno; mucho más los que reciben la gracia abundante y el don de la justicia reinarán en vida por uno, Jesucristo.
5:18 Así que, como por el pecado de uno vino la condenación a todos los hombres, así también, por la justicia de uno, vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida.
5:19 Porque como por la desobediencia de un hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos.
5:20 Y la ley entró para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;
5:21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.

 

6:1  ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?
6:2  ¡En ninguna manera! Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?
6:3  ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?
6:4  Porque somos sepultados con Él en la muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.
6:5  Porque si fuimos plantados juntamente con Él en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la de su resurrección;
6:6  sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, para que el cuerpo de pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
6:7  Porque el que ha muerto, libre es del pecado.
6:8  Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con Él;
6:9  sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte ya no tiene dominio sobre Él.
6:10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez; pero en cuanto vive, para Dios vive.
6:11 Así consideraos también vosotros, muertos en verdad al pecado, pero vivos para Dios por Jesucristo nuestro Señor.
6:12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias;
6:13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad; sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.
6:14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
6:15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡En ninguna manera!
6:16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel al que obedecéis; ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?
6:17 Mas a Dios gracias, que aunque fuisteis esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;
6:18 y libertados del pecado, viniste a ser siervos de la justicia.
6:19 Hablo humanamente, por causa de la debilidad de vuestra carne; que así como presentasteis vuestros miembros como siervos a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora presentéis vuestros miembros como siervos a la justicia y a la santidad.
6:20 Porque cuando erais esclavos del pecado, libres erais de la justicia.
6:21 ¿Qué fruto teníais entonces en aquellas cosas de las que ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.
6:22 Mas ahora, libertados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santidad, y por fin la vida eterna.
6:23 Porque la paga del pecado es muerte; mas el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

 

7:1  ¿O ignorais hermanos (pues hablo a aquellos que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?
7:2  Porque la mujer que tiene marido está ligada por la ley a su marido mientras él vive; mas si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.
7:3  Así que, si viviendo su marido, se casare con otro hombre, será llamada adúltera; mas si muriere su marido, ella queda libre de la ley, y si se casa con otro hombre no será adúltera.
7:4  Así también vosotros mis hermanos, sois muertos a la ley por el cuerpo de Cristo; para que seáis de otro, de Aquél que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.
7:5  Porque mientras estábamos en la carne, la influencia del pecado, que era por la ley, obraba en nuestros miembros llevando fruto para muerte;
7:6  mas ahora libres somos de la ley, habiendo muerto a lo que nos tenía sujetos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en lo antiguo de la letra.
7:7  ¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado la ley? ¡En ninguna manera! Al contrario, yo no hubiera conocido el pecado a no ser por la ley: Porque no conociera la codicia si la ley no dijera: No codiciarás.
7:8  Pero el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia, porque sin la ley el pecado estaba muerto.
7:9  Y antes yo vivía sin ley, pero cuando vino el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.
7:10 Y el mandamiento que era para vida, yo encontré que era para muerte.
7:11 Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.
7:12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento es santo, y justo, y bueno.
7:13 ¿Entonces lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? ¡En ninguna manera! Pero el pecado, para mostrarse pecado, obró muerte en mí por lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento, el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.
7:14 Porque sabemos que la ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido bajo pecado.
7:15 Porque lo que hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero; sino lo que aborrezco, aquello hago.
7:16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
7:17 De manera que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que mora en mí.
7:18 Y yo sé que en mí (esto es en mi carne) no mora el bien; porque en mí está el querer, mas no el hacer.
7:19 Porque no hago el bien que quiero; sino el mal que no quiero, éste hago.
7:20 Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que mora en mí.
7:21 Hallo, pues, esta ley, que cuando quiero hacer el bien, el mal está en mí.
7:22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;
7:23 mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
7:24 ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?
7:25 Gracias doy a Dios por Jesucristo nuestro Señor: Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios; mas con la carne a la ley del pecado.

 

8:1  Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
8:2  Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
8:3  Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;
8:4  para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
8:5  Porque los que son de la carne, en las cosas de la carne piensan; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
8:6  Porque el ocuparse de la carne es muerte, mas el ocuparse del espíritu, es vida y paz.
8:7  Porque la mente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede.
8:8  Así que, los que están en la carne no pueden agradar a Dios.
8:9  Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él.
8:10 Y si Cristo está en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado; pero el Espíritu vive a causa de la justicia.
8:11 Y si el Espíritu de Aquél que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros; el que levantó a Cristo de entre los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
8:12 Así que hermanos, deudores somos, no a la carne para que vivamos conforme a la carne.
8:13 Porque si vivís conforme a la carne, moriréis, mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.
8:15 Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba Padre.
8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
8:17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo; si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos también glorificados.
8:18 Porque tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son dignas de comparar con la gloria que en nosotros ha de ser manifestada.
8:19 Porque el anhelo ardiente de las criaturas, espera la manifestación de los hijos de Dios.
8:20 Porque las criaturas fueron sujetas a vanidad, no voluntariamente sino por causa de aquel que las sujetó en esperanza,
8:21 porque las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
8:22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y está en dolores de parto hasta ahora;
8:23 y no sólo ella, sino que también nosotros que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, esto es, la redención de nuestro cuerpo.
8:24 Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve no es esperanza, porque lo que uno ve ¿por qué esperarlo aún?
8:25 Mas si lo que no vemos esperamos, con paciencia lo esperamos.
8:26 Y asimismo también el Espíritu ayuda en nuestra flaqueza; porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no se pueden expresar.
8:27 Y el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
8:28 Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados.
8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.
8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
8:31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?
8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?
8:33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
8:34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió, y más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
8:36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.
8:37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquél que nos amó.
8:38 Por lo cual estoy seguro que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
8:39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra criatura nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

 

9:1  Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo.
9:2  Que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.
9:3  Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por mis hermanos, los que son mis parientes según la carne,
9:4  que son israelitas, de los cuales es la adopción, y la gloria, y el pacto, y el dar de la ley, y el culto, y las promesas;
9:5  de quienes son los padres, y de los cuales vino Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por siempre. Amén.
9:6  No como si la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que son de Israel son israelitas;
9:7  ni por ser simiente de Abraham, son todos hijos; sino que: En Isaac te será llamada descendencia.
9:8  Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino los que son hijos de la promesa son contados por simiente.
9:9  Porque la palabra de la promesa es ésta: A este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo.
9:10 Y no sólo esto, mas también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre
9:11 (aunque aún no habían nacido sus hijos, ni habían hecho bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras de la ley sino por el que llama),
9:12 le fue dicho a ella: El mayor servirá al menor.
9:13 Como está escrito: A Jacob amé; mas a Esaú aborrecí.
9:14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡En ninguna manera!
9:15 Porque a Moisés dice: Tendré misericordia, del que yo tenga misericordia; y me compadeceré del que yo me compadezca.
9:16 Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.
9:17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y que mi nombre sea predicado por toda la tierra.
9:18 De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere endurecer, endurece.
9:19 Me dirás entonces: ¿Por qué, pues, inculpa? porque, ¿quién ha resistido a su voluntad?
9:20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques contra Dios? ¿Dirá lo formado al que lo formó: Por qué me has hecho así?
9:21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?
9:22 ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira, preparados para destrucción;
9:23 y para hacer notorias las riquezas de su gloria para con los vasos de misericordia que Él preparó de antemano para gloria,
9:24 a los cuales también ha llamado, aun a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?
9:25 Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada.
9:26 Y acontecerá que en el lugar donde les fue dicho: Vosotros no sois mi pueblo, allí serán llamados hijos del Dios viviente.
9:27 También Isaías clama tocante a Israel: Aunque fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, sólo un remanente será salvo.
9:28 Porque Él consumará la obra, y la acortará en justicia, porque obra abreviada hará el Señor sobre la tierra.
9:29 Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado simiente, como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra seríamos semejantes.
9:30 ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no procuraban la justicia han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por la fe;
9:31 mas Israel, que procuraba la ley de la justicia, no ha alcanzado la ley de la justicia.
9:32 ¿Por qué? Porque no la procuraron por fe, sino como por las obras de la ley, por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo,
9:33 como está escrito: He aquí pongo en Sión piedra de tropiezo, y roca de caída: Y todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado.

 

10:1 Hermanos, ciertamente el deseo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para su salvación.
10:2 Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.
10:3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer su propia justicia, no se han sujetado a la justicia de Dios.
10:4 Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.
10:5 Porque Moisés describe la justicia que es por la ley: El hombre que hiciere aquellas cosas, vivirá por ellas.
10:6 Mas la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es para traer abajo a Cristo.)
10:7 O, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para volver a subir a Cristo de los muertos.)
10:8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe la cual predicamos:
10:9 Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10:10  Porque con el corazón se cree para justicia, mas con la boca se hace confesión para salvación.
10:11  Porque la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado.
10:12  Porque no hay diferencia entre judío y griego; porque el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan.
10:13  Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
10:14  ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
10:15  ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, que predican el evangelio de los bienes!
10:16  Mas no todos obedecieron al evangelio, pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
10:17  Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
10:18  Mas digo: ¿No han oído? Antes bien, por toda la tierra ha salido la voz de ellos, y sus palabras hasta los fines de la redondez de la tierra.
10:19  Mas digo: ¿No lo sabe Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré a celos con los que no son mi pueblo; Con gente insensata os provocaré a ira.
10:20  También Isaías dice osadamente: Fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí.
10:21  Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.

 

11:1 Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡En ninguna manera! Porque también yo soy israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín.
11:2 Dios no ha desechado a su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis qué dice la Escritura de Elías, cómo hablando con Dios contra Israel dice:
11:3 Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han destruido, y sólo yo he quedado, y traman contra mi vida?
11:4 Pero, ¿qué le dice la respuesta divina? Me he reservado siete mil varones, que no han doblado la rodilla ante Baal.
11:5 Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido según la elección de gracia.
11:6 Y si por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
11:7 ¿Qué entonces? Lo que buscaba Israel no lo ha alcanzado, mas los elegidos lo han alcanzado, y los demás fueron cegados.
11:8 Como está escrito: Dios les dio espíritu de somnolencia, ojos que no vean; oídos que no oigan hasta el día de hoy.
11:9 Y David dice: Séales vuelta su mesa en trampa y en red, y en tropezadero y retribución:
11:10  Sus ojos sean oscurecidos para que no vean, y agóbiales su espalda siempre.
11:11  Digo, pues: ¿Han tropezado para que cayesen? ¡En ninguna manera! Mas por su caída vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.
11:12  Y si la caída de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos, la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más la plenitud de ellos?
11:13  Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol de los gentiles, mi ministerio honro,
11:14  por si de alguna manera provocase a celos a los que son de mi carne, e hiciese salvos a algunos de ellos.
11:15  Porque si el rechazamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será el recibimiento de ellos, sino vida de entre los muertos?
11:16  Porque si el primer fruto es santo, también lo es la masa, y si la raíz es santa, también lo son las ramas.
11:17  Y si algunas de las ramas fueron quebradas, y tú, siendo olivo silvestre fuiste injertado en lugar de ellas, y fuiste hecho partícipe de la raíz y de la savia del olivo;
11:18  no te jactes contra las ramas. Y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.
11:19  Dirás entonces: Las ramas fueron quebradas para que yo fuese injertado.
11:20  Bien; por su incredulidad fueron quebradas, mas tú por la fe estás en pie. No te enaltezcas, antes teme.
11:21  Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, mira, no sea que a ti tampoco te perdone.
11:22  Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente en los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permaneciereis en su bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.
11:23  Y aun ellos serán injertados, si no permanecieren en incredulidad, que poderoso es Dios para volverlos a injertar.
11:24  Porque si tú fuiste cortado del natural olivo silvestre, y contra natura fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?
11:25  Porque no quiero hermanos que ignoréis este misterio, que no seáis arrogantes en vosotros mismos, que en parte el endurecimiento ha acontecido a Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;
11:26  y así todo Israel será salvo; como está escrito: De Sión vendrá el Libertador, que quitará de Jacob la impiedad.
11:27  Y éste es mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.
11:28  Así que, en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; mas en cuanto a la elección, son muy amados por causa de los padres.
11:29  Porque sin arrepentimiento son los dones y el llamamiento de Dios.
11:30  Porque como también vosotros en otro tiempo no creísteis a Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por la incredulidad de ellos;
11:31  así también éstos ahora no han creído, para que por la misericordia de vosotros, ellos también alcancen misericordia.
11:32  Porque Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos.
11:33  ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
11:34  Porque, ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?
11:35  ¿O quién le dio a Él primero, para que le sea recompensado?
11:36  Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea gloria por siempre. Amén.

 

12:1 Por tanto, os ruego hermanos por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
12:2 Y no os conforméis a este mundo; mas transformaos por la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
12:3 Digo, pues, por la gracia que me ha sido dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí, que el que debe tener, sino que piense de sí con mesura, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno.
12:4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, mas no todos los miembros tienen la misma función;
12:5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.
12:6 Teniendo, pues, diversidad de dones según la gracia que nos es dada, si profecía, úsese conforme a la medida de la fe;
12:7 si ministerio, úsese en ministrar; o el que enseña, en la enseñanza;
12:8 el que exhorta, en la exhortación; el que da, hágalo con sencillez; el que preside, con diligencia; el que hace misericordia, con alegría.
12:9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, apegaos a lo bueno.
12:10  Amaos los unos a los otros con amor fraternal, en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.
12:11  Diligentes, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.
12:12  Gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación, constantes en la oración.
12:13  Compartiendo para las necesidades de los santos; dados a la hospitalidad.
12:14  Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis.
12:15  Gozaos con los que se gozan; y llorad con los que lloran.
12:16  Unánimes entre vosotros, no altivos; condescended para con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.
12:17  No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.
12:18  Si fuere posible, en cuanto esté en vosotros, vivid en paz con todos los hombres.
12:19  Amados, no os venguéis vosotros mismos, antes, dad lugar a la ira; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.
12:20  Así que si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer, y si tuviere sed, dale de beber; que haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
12:21  No seas vencido de lo malo, mas vence con el bien el mal.

 

13:1 Toda alma sométase a las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las potestades que hay, de Dios son ordenadas.
13:2 Así que, el que se opone a la potestad, se opone a la ordenanza de Dios; y los que resisten recibirán para sí condenación.
13:3 Porque los magistrados no están para atemorizar las buenas obras, sino las malas. ¿Quieres, pues, no temer la potestad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella.
13:4 Porque es ministro de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; pues no en vano lleva la espada; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo.
13:5 Por tanto es necesario que os sujetéis, no solamente por la ira, sino también por causa de la conciencia.
13:6 Pues por esto también pagáis los impuestos; porque son ministros de Dios que atienden continuamente a esto mismo.
13:7 Pagad, pues, a todos lo que debéis; al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que temor, temor; al que honra, honra.
13:8 No debáis a nadie nada, sino amaos los unos a los otros, porque el que ama a su prójimo, ha cumplido la ley.
13:9 Porque: No adulterarás: No matarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: No codiciarás: Y cualquier otro mandamiento, se resume en esta frase: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
13:10  El amor no hace mal al prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la ley.
13:11  Y esto, conociendo el tiempo, que ya es hora de despertarnos del sueño; porque ahora está más cerca nuestra salvación que cuando creímos.
13:12  La noche está avanzada, y el día está por llegar; desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz.
13:13  Andemos honestamente, como de día; no en desenfrenos y borracheras; no en lujurias y lascivias, ni en contiendas y envidias.
13:14  Mas vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para satisfacer los deseos de la carne.

 

14:1 Recibid al débil en la fe, mas no para contender sobre opiniones.
14:2 Porque uno cree que se ha de comer de todo, otro, que es débil, come legumbres.
14:3 El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.
14:4 ¿Tú quién eres, que juzgas al siervo ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, que poderoso es Dios para hacerle estar firme.
14:5 Uno hace diferencia entre un día y otro; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente seguro en su propia mente.
14:6 El que hace caso del día, para el Señor lo hace; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.
14:7 Porque ninguno de nosotros vive para sí; y ninguno muere para sí.
14:8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.
14:9 Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos, como de los que viven.
14:10  Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
14:11  Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará a Dios.
14:12  De manera que cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí.
14:13  Por tanto, ya no nos juzguemos los unos a los otros, antes bien, determinad no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.
14:14  Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo, mas para aquel que piensa ser inmunda alguna cosa, para él es inmunda.
14:15  Mas si por causa de tu comida, tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida a aquel por el cual Cristo murió.
14:16  No sea, pues, difamado vuestro bien;
14:17  Porque el reino de Dios no es comida ni bebida; sino justicia, y paz, y gozo en el Espíritu Santo.
14:18  Porque el que en estas cosas sirve a Cristo, agrada a Dios, y es acepto a los hombres.
14:19  Así que, sigamos lo que ayuda a la paz y a la edificación de los unos a los otros.
14:20  No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; mas malo es al hombre hacer tropezar con lo que come.
14:21  Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o sea debilitado.
14:22  ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo con lo que aprueba.
14:23  Mas el que duda, si comiere, es condenado, porque come sin fe, y todo lo que no es de fe, es pecado.

 

15:1 Así que los que somos fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.
15:2 Cada uno de nosotros agrade a su prójimo para su bien, para edificación.
15:3 Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito; Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.
15:4 Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia y consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.
15:5 Mas el Dios de la paciencia y de la consolación os dé que entre vosotros seáis de un mismo sentir según Cristo Jesús;
15:6 para que unánimes, y a una voz glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
15:7 Por tanto recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió para gloria de Dios.
15:8 Digo, pues, que Cristo Jesús fue ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,
15:9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, y cantaré a tu nombre.
15:10  Y otra vez dice: Regocijaos gentiles, con su pueblo.
15:11  Y otra vez: Alabad al Señor, todos los gentiles y dadle gloria todos los pueblos.
15:12  Y otra vez Isaías dice: Saldrá raíz de Isaí, y el que se levantará para reinar sobre los gentiles: Los gentiles esperarán en Él.
15:13  Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
15:14  Y también yo mismo tengo confianza de vosotros, hermanos míos, que también vosotros estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de manera que podéis amonestaros los unos a los otros.
15:15  Mas hermanos, os he escrito en parte osadamente, como recordándoos; por la gracia que de Dios me es dada,
15:16  para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles sea acepta, santificada por el Espíritu Santo.
15:17  Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que a Dios toca.
15:18  Porque no osaría hablar de alguna cosa que Cristo no haya hecho por mí, para hacer obedientes a los gentiles, con palabra y con obra,
15:19  con potencia de milagros y prodigios, por el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.
15:20  Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo fuese ya nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno,
15:21  sino, como está escrito: Aquellos a los que no se habló de Él, verán; Y los que no han oído, entenderán.
15:22  Por esta causa muchas veces he sido impedido de venir a vosotros.
15:23  Mas ahora, no teniendo más lugar en estas regiones, y deseando ir a vosotros por ya muchos años,
15:24  cuando partiere para España, iré a vosotros, porque espero veros en mi jornada, y que seré encaminado por vosotros hacia allá, si en parte primero hubiere disfrutado de vuestra compañía.
15:25  Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos.
15:26  Porque los de Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una contribución para los santos pobres que están en Jerusalén.
15:27  Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos partícipes de sus bienes espirituales, deben también ellos servirles en los carnales.
15:28  Así que, cuando hubiere concluido esto, y les hubiere entregado este fruto, pasaré entre vosotros a España.
15:29  Y estoy seguro que cuando viniere a vosotros, vendré en plenitud de bendición del evangelio de Cristo.
15:30  Y os ruego hermanos, por nuestro Señor Jesucristo, y por el amor del Espíritu, que os esforcéis conmigo en oración por mí a Dios;
15:31  Que sea librado de los incrédulos que están en Judea, y la ofrenda de mi servicio la cual traigo para Jerusalén sea acepta a los santos;
15:32  para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros.
15:33  Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

 

16:1 Y os encomiendo a nuestra hermana Febe, la cual es sierva de la iglesia que está en Cencrea;
16:2 que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa que necesite de vosotros, porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo también.
16:3 Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús;
16:4 que pusieron sus cuellos por mi vida; a los cuales doy gracias, no sólo yo, sino también todas las iglesias de los gentiles.
16:5 Saludad también a la iglesia que está en su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es de los primeros frutos de Acaya para Cristo.
16:6 Saludad a María, la cual ha trabajado mucho por nosotros.
16:7 Saludad a Andrónico y a Junia, mis parientes y mis compañeros de prisiones, que son insignes entre los apóstoles; y que también fueron antes de mí en Cristo.
16:8 Saludad a Amplias, amado mío en el Señor.
16:9 Saludad a Urbano, nuestro ayudador en Cristo, y a Estaquis, amado mío.
16:10  Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristóbulo.
16:11  Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa de Narciso, que están en el Señor.
16:12  Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor.
16:13  Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y mía.
16:14  Saludad a Asíncrito, a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes, y a los hermanos que están con ellos.
16:15  Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas, y a todos los santos que están con ellos.
16:16  Saludaos unos a otros con ósculo santo. Os saludan las iglesias de Cristo.
16:17  Y os ruego hermanos, que señaléis a aquellos que causan divisiones y escándalos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido; y que os apartéis de ellos.
16:18  Porque los tales, no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres; y con palabras suaves y lisonjas engañan el corazón de los simples.
16:19  Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos. Así que me gozo de vosotros; mas quiero que seáis sabios para el bien, y simples para el mal.
16:20  Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. Amén.
16:21  Os saludan Timoteo mi colaborador, y Lucio y Jasón, y Sosípater, mis parientes.
16:22  Yo Tercio, que escribí esta epístola, os saludo en el Señor.
16:23  Os saluda Gayo, mi huésped, y toda la iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
16:24  La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
16:25  Y al que tiene poder para confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio encubierto desde tiempos eternos,
16:26  pero ahora es hecho manifiesto, y por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, dado a conocer a todas las naciones para obediencia de la fe.
16:27  Al solo Dios sabio, sea gloria por Jesucristo para siempre. Amén.
Epístola del apóstol Pablo a los romanos. Escrita desde Corinto por mano de Tercio, y enviada con Febe, sierva de la iglesia en Cencrea.

 

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