Mateo - RVG


Reina Valera - RVG


Mateo - 1
Mateo - 2
Mateo - 3
Mateo - 4
Mateo - 5
Mateo - 6
Mateo - 7
Mateo - 8
Mateo - 9
Mateo - 10
Mateo - 11
Mateo - 12
Mateo - 13
Mateo - 14
Mateo - 15
Mateo - 16
Mateo - 17
Mateo - 18
Mateo - 19
Mateo - 20
Mateo - 21
Mateo - 22
Mateo - 23
Mateo - 24
Mateo - 25
Mateo - 26
Mateo - 27
Mateo - 28

 

1:1  El libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
1:2  Abraham engendró a Isaac; e Isaac engendró a Jacob; y Jacob engendró a Judá y a sus hermanos;
1:3  y Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara: Y Fares engendró a Esrom, y Esrom engendró a Aram;
1:4  y Aram engendró a Aminadab; y Aminadab engendró a Naasón; y Naasón engendró a Salmón;
1:5  y Salmón engendró de Rahab a Boaz; y Boaz engendró a Obed de Ruth; y Obed engendró a Isaí;
1:6  e Isaí engendró al rey David; y el rey David engendró a Salomón de la que fue esposa de Urías,
1:7  y Salomón engendró a Roboam; y Roboam engendró a Abía; y Abía engendró a Asa;
1:8  y Asa engendró a Josafat; y Josafat engendró a Joram; y Joram engendró a Ozías;
1:9  y Ozías engendró a Jotam; y Jotam engendró a Acaz; y Acaz engendró a Ezequías;
1:10 y Ezequías engendró a Manasés; y Manasés engendró a Amón; y Amón engendró a Josías;
1:11 y Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo en que fueron expatriados a Babilonia.
1:12 Y después que fueron traídos a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; y Salatiel engendró a Zorobabel;
1:13 y Zorobabel engendró a Abiud; y Abiud engendró a Eliaquim; y Eliaquim engendró a Azor;
1:14 y Azor engendró a Sadoc; y Sadoc engendró a Aquim; y Aquim engendró a Eliud;
1:15 y Eliud engendró a Eleazar; y Eleazar engendró a Matán; y Matán engendró a Jacob;
1:16 y Jacob engendró a José esposo de María, de la cual nació Jesús, quien es llamado Cristo.
1:17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones; y de David hasta la expatriación a Babilonia son catorce generaciones; y desde la expatriación a Babilonia hasta Cristo son catorce generaciones.
1:18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando María su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo,
1:19 y José su marido, como era hombre justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.
1:20 Y pensando él en esto, he aquí el ángel del Señor le apareció en un sueño, diciendo: José hijo de David, no temas recibir a María tu esposa; porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
1:21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS; porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.
1:22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fue dicho del Señor, por el profeta que dijo:
1:23 He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que interpretado es: Dios con nosotros.
1:24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su esposa,
1:25 pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y llamó su nombre JESÚS.

 

2:1  Y cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos hombres sabios del oriente vinieron a Jerusalén,
2:2  diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
2:3  Oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él;
2:4  y convocando a todos los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo;
2:5  y ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
2:6  Y tú Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un Guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.
2:7  Entonces Herodes, llamando en secreto a los sabios, inquirió de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;
2:8  y enviándolos a Belén, dijo: Id y preguntad con diligencia por el niño; y cuando le hubiereis hallado, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
2:9  Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.
2:10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
2:11 Y entrando en la casa, vieron al niño con María su madre, y postrándose lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra.
2:12 Y siendo avisados por Dios en un sueño que no volviesen a Herodes, se volvieron a su tierra por otro camino.
2:13 Y habiendo ellos partido, he aquí el ángel del Señor apareció en un sueño a José, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y quédate allá hasta que yo te diga; porque Herodes buscará al niño para matarlo.
2:14 Y despertando él, tomó de noche al niño y a su madre y se fue a Egipto;
2:15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que fue dicho del Señor por el profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi Hijo.
2:16 Herodes entonces, al verse burlado de los sabios, se llenó de ira, y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los sabios.
2:17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, que dijo:
2:18 Voz fue oída en Ramá, lamentación, lloro y gemido grande, Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron.
2:19 Y muerto Herodes, he aquí, un ángel del Señor apareció en un sueño a José en Egipto,
2:20 diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel; porque han muerto los que procuraban la muerte del niño.
2:21 Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel.
2:22 Mas oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, temió ir allá. Y siendo avisado por Dios en un sueño, se fue a la región de Galilea,
2:23 y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret; para que se cumpliese lo dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.

 

3:1  En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,
3:2  y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
3:3  Porque éste es aquél de quien habló el profeta Isaías, diciendo: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor: Enderezad sus sendas.
3:4  Y Juan mismo tenía su vestidura de pelo de camello, y un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.
3:5  Entonces salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la región de alrededor del Jordán;
3:6  y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.
3:7  Y al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: Generación de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que vendrá?
3:8  Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,
3:9  y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.
3:10 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
3:11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, es más poderoso que yo; cuyo calzado no soy digno de llevar; Él os bautizará con el Espíritu Santo, y con fuego.
3:12 Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
3:13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.
3:14 Pero Juan le resistía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
3:15 Pero Jesús respondió, y le dijo: Deja ahora; porque nos es preciso cumplir así toda justicia. Entonces le dejó.
3:16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre Él.
3:17 Y he aquí una voz del cielo que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo contentamiento.

 

4:1  Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
4:2  Y después que hubo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
4:3  Y vino a Él el tentador, y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
4:4  Mas Él respondiendo dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
4:5  Entonces el diablo le lleva a la santa ciudad, y le pone sobre el pináculo del templo,
4:6  y le dice: Si eres el Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra.
4:7  Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
4:8  Otra vez el diablo le lleva a un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y la gloria de ellos,
4:9  y le dice: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
4:10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo servirás.
4:11 Entonces el diablo le dejó, y he aquí, ángeles vinieron y le servían.
4:12 Y cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, se fue a Galilea;
4:13 y dejando Nazaret, vino y habitó en Capernaúm, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y Neftalí;
4:14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, que dijo:
4:15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles;
4:16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz: Y a los asentados en región y sombra de muerte: Luz les resplandeció.
4:17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
4:18 Y andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
4:19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres.
4:20 Ellos entonces, dejando luego las redes, le siguieron.
4:21 Y pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.
4:22 Y ellos, dejando luego la barca y a su padre, le siguieron.
4:23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
4:24 Y corría su fama por toda Siria. Y le traían a todos los enfermos que eran tomados de diversas enfermedades y tormentos; los endemoniados, los lunáticos y los paralíticos; y los sanaba.
4:25 Y le seguían grandes multitudes de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.

 

5:1  Y viendo las multitudes, subió al monte; y sentándose, sus discípulos vinieron a Él.
5:2  Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:
5:3  Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos.
5:4  Bienaventurados los que lloran; porque ellos serán consolados.
5:5  Bienaventurados los mansos; porque ellos heredarán la tierra.
5:6  Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia; porque ellos serán saciados.
5:7  Bienaventurados los misericordiosos; porque ellos alcanzarán misericordia.
5:8  Bienaventurados los de limpio corazón; porque ellos verán a Dios.
5:9  Bienaventurados los pacificadores; porque ellos serán llamados hijos de Dios.
5:10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia; porque de ellos es el reino de los cielos.
5:11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
5:12 Regocijaos y alegraos; porque vuestro galardón es grande en el cielo; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
5:13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y ser hollada de los hombres.
5:14 Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
5:15 Ni se enciende un candil y se pone debajo del almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
5:16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo.
5:17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.
5:18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo sea cumplido.
5:19 De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.
5:20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
5:21 Oísteis que fue dicho por los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare estará expuesto a juicio.
5:22 Mas yo os digo que cualquiera que sin razón se enojare contra su hermano, estará en peligro del juicio; y cualquiera que dijere a su hermano: Raca, estará en peligro del concilio; mas cualquiera que le dijere: Fatuo, estará expuesto al infierno de fuego.
5:23 Por tanto, si trajeres tu ofrenda al altar, y allí te acordares que tu hermano tiene algo contra ti;
5:24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve, y reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.
5:25 Concíliate presto con tu adversario, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en la cárcel.
5:26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
5:27 Oísteis que fue dicho por los antiguos: No cometerás adulterio.
5:28 Mas yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.
5:29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea lanzado al infierno.
5:30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que uno de tus miembros se pierda, y no que todo tu cuerpo sea lanzado al infierno.
5:31 También fue dicho: Cualquiera que repudiare a su esposa, déle carta de divorcio.
5:32 Pero yo os digo que cualquiera que repudiare a su esposa, salvo por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la divorciada, comete adulterio.
5:33 Además, oísteis que fue dicho por los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos.
5:34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;
5:35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
5:36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.
5:37 Mas sea vuestro hablar: Sí, sí: No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
5:38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.
5:39 Pero yo os digo: No resistáis el mal; antes a cualquiera que te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;
5:40 y a cualquiera que te demandare ante la ley y tomare tu túnica, déjale tomar también la capa;
5:41 y cualquiera que te obligare a ir una milla, ve con él dos.
5:42 Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no le rehúses.
5:43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.
5:44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
5:45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en el cielo; porque Él hace que su sol salga sobre malos y buenos; y envía lluvia sobre justos e injustos.
5:46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también así los publicanos?
5:47 Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los publicanos?
5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en el cielo es perfecto.

 

6:1  Mirad que no hagáis vuestras limosnas delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tenéis recompensa de vuestro Padre que está en el cielo.
6:2  Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados de los hombres; de cierto os digo: Ya tienen su recompensa.
6:3  Mas cuando tú des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha.
6:4  Que tu limosna sea en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto, Él te recompensará en público.
6:5  Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres. De cierto os digo: Ya tienen su recompensa.
6:6  Mas tú, cuando ores, entra en tu alcoba, y cerrada tu puerta ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público.
6:7  Y cuando ores, no uses vanas repeticiones, como hacen los gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos.
6:8  No seáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
6:9  Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre.
6:10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra, así como en el cielo.
6:11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
6:12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
6:13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre. Amén.
6:14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros.
6:15 Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
6:16 Y cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; que demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
6:17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro;
6:18 para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público.
6:19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan.
6:20 Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla, ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.
6:21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
6:22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo estará lleno de luz.
6:23 Mas si tu ojo fuere maligno, todo tu cuerpo estará en oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es tinieblas, ¿cuánto más lo serán las mismas tinieblas?
6:24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno, y amará al otro; o apreciará al uno, y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
6:25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
6:26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?
6:27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?
6:28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan;
6:29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
6:30 Y si a la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?
6:31 Por tanto, no os afanéis, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
6:32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; mas vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad.
6:33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
6:34 Así que, no os afanéis por el mañana, que el mañana traerá su afán. Bástele al día su propio mal.

 

7:1  No juzguéis, para que no seáis juzgados.
7:2  Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os volverán a medir.
7:3  ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu propio ojo?
7:4  ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí, una viga en tu propio ojo?
7:5  ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, entonces mirarás claramente para sacar la paja del ojo de tu hermano.
7:6  No deis lo santo a los perros; ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.
7:7  Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
7:8  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
7:9  ¿Y qué hombre hay de vosotros, a quien si su hijo le pidiere pan, le daría una piedra?
7:10 ¿O si le pidiere un pez, le daría una serpiente?
7:11 Y si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en el cielo dará buenas cosas a los que le pidan?
7:12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres os hagan, así también haced vosotros a ellos; porque esto es la ley y los profetas.
7:13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición y muchos son los que entran por ella.
7:14 Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
7:15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces.
7:16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
7:17 Así todo buen árbol da buenos frutos, mas el árbol malo da malos frutos.
7:18 El árbol bueno no puede dar frutos malos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
7:19 Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
7:20 Así que, por sus frutos los conoceréis.
7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
7:22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
7:23 Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.
7:24 Cualquiera, pues, que oye estas mis palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.
7:25 Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
7:26 Y todo el que oye estas mis palabras y no las hace, será comparado al hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
7:27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó; y fue grande su ruina.
7:28 Y fue que, cuando Jesús hubo acabado estas palabras, la gente se maravillaba de su doctrina;
7:29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

 

8:1  Y descendiendo Él del monte, grandes multitudes le seguían.
8:2  Y he aquí vino un leproso y le adoraba, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
8:3  Y Jesús extendiendo su mano le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante fue limpio de su lepra.
8:4  Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece la ofrenda que mandó Moisés, para testimonio a ellos.
8:5  Y entrando Jesús en Capernaúm, vino a Él un centurión, rogándole,
8:6  y diciendo: Señor, mi siervo yace en casa, paralítico, gravemente atormentado.
8:7  Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
8:8  Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; mas solamente di la palabra, y mi siervo sanará.
8:9  Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo soldados bajo mi cargo; y digo a éste: Ve, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
8:10 Y oyéndolo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
8:11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos.
8:12 Mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
8:13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste te sea hecho. Y su siervo fue sano en aquella misma hora.
8:14 Y vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste, postrada, y con fiebre.
8:15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.
8:16 Y caída la tarde, trajeron a Él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los espíritus, y sanó a todos los que estaban enfermos:
8:17 Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta Isaías, que dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
8:18 Y viendo Jesús a una gran multitud alrededor de sí, mandó que pasasen al otro lado.
8:19 Y cierto escriba vino y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que fueres.
8:20 Y Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza.
8:21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que primero vaya y entierre a mi padre.
8:22 Pero Jesús le dijo: Sígueme; y deja que los muertos entierren a sus muertos.
8:23 Y cuando Él hubo entrado en una barca, sus discípulos le siguieron.
8:24 Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; mas Él dormía.
8:25 Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos.
8:26 Y Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar, y se hizo grande bonanza.
8:27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué clase de hombre es Éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?
8:28 Y cuando Él llegó a la otra ribera, a la región de los gergesenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.
8:29 Y he aquí, clamaron diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?
8:30 Y lejos de ellos, estaba paciendo un hato de muchos puercos.
8:31 Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de puercos.
8:32 Y Él les dijo: Id. Y ellos saliendo, se fueron a aquel hato de puercos; y he aquí, todo el hato de puercos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.
8:33 Y los que los apacentaban huyeron; y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había acontecido con los endemoniados.
8:34 Y he aquí, toda la ciudad salió a encontrar a Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.

 

9:1  Y entrando Él en una barca, pasó al otro lado, y vino a su ciudad.
9:2  Y he aquí, le trajeron a un paralítico echado en una cama; y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, ten ánimo, tus pecados te son perdonados.
9:3  Y he aquí, ciertos de los escribas decían dentro de sí: Éste blasfema.
9:4  Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
9:5  Porque, ¿qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?
9:6  Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados (dijo entonces al paralítico): Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
9:7  Entonces él se levantó y se fue a su casa.
9:8  Pero cuando las multitudes vieron esto, se maravillaron y glorificaron a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.
9:9  Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos; y le dijo: Sígueme. Y él se levantó y le siguió.
9:10 Y aconteció que estando Él sentado a la mesa en la casa, he aquí muchos publicanos y pecadores que habían venido, se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos.
9:11 Y cuando vieron esto los fariseos, dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
9:12 Y oyéndolo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos.
9:13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
9:14 Entonces vinieron a Él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
9:15 Y Jesús les dijo: ¿Pueden, los que están de bodas, entristecerse entre tanto que el esposo está con ellos? Mas los días vendrán, cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
9:16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.
9:17 Tampoco echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; mas echan el vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.
9:18 Hablándoles Él estas cosas, he aquí vino un principal y le adoró, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
9:19 Y Jesús se levantó, y le siguió, y sus discípulos.
9:20 Y he aquí una mujer que estaba enferma de flujo de sangre por ya doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto.
9:21 Porque decía dentro de sí: Si tan sólo tocare su manto, seré sana.
9:22 Mas Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Hija, ten ánimo, tu fe te ha sanado. Y la mujer fue sana desde aquella hora.
9:23 Y cuando Jesús llegó a casa del principal, y vio los tañedores de flautas, y la gente que hacía bullicio,
9:24 les dijo: Apartaos, que la muchacha no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de Él.
9:25 Mas cuando hubieron echado fuera a la gente, entró, y la tomó de la mano, y la muchacha se levantó.
9:26 Y la fama de esto salió por toda aquella tierra.
9:27 Y partiendo Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
9:28 Y llegado a casa, los ciegos vinieron a Él; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos le dijeron: Sí, Señor.
9:29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.
9:30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.
9:31 Pero cuando ellos salieron, divulgaron su fama por toda aquella tierra.
9:32 Y al salir ellos, he aquí, le trajeron a un hombre mudo, endemoniado.
9:33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y las multitudes se maravillaron, diciendo: Jamás se había visto cosa semejante en Israel.
9:34 Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
9:35 Y recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo.
9:36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.
9:37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.
9:38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

 

10:1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y toda dolencia.
10:2 Y los nombres de los doce apóstoles son estos: El primero, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano,
10:3 Felipe, y Bartolomé; Tomás, y Mateo el publicano; Jacobo hijo de Alfeo, y Lebeo, por sobrenombre Tadeo,
10:4 Simón el cananita, y Judas Iscariote, quien también le entregó.
10:5 A estos doce envió Jesús, y les mandó, diciendo: No vayáis por camino de los gentiles, y no entréis en ciudad de samaritanos,
10:6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
10:7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
10:8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
10:9 No os proveáis oro, ni plata, ni cobre en vuestras bolsas;
10:10  ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bordón; porque el obrero digno es de su alimento.
10:11  Y en cualquier ciudad o aldea donde entréis, inquirid quién en ella sea digno, y quedad allí hasta que salgáis.
10:12  Y cuando entréis en una casa, saludadla.
10:13  Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros.
10:14  Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.
10:15  De cierto os digo: En el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.
10:16  He aquí yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, sabios como serpientes, y sencillos como palomas.
10:17  Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán.
10:18  Y seréis llevados ante reyes y gobernadores por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.
10:19  Mas cuando os entregaren, no os preocupéis de cómo o qué habéis de hablar; porque en aquella misma hora, os será dado lo que habéis de hablar.
10:20  Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
10:21  Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra sus padres, y los harán morir.
10:22  Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre, mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.
10:23  Y cuando os persiguieren en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo: No acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, sin que haya venido el Hijo del Hombre.
10:24  El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.
10:25  Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Belcebú, ¿cuánto más a los de su casa?
10:26  Así que, no les temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.
10:27  Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.
10:28  Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a Aquél que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
10:29  ¿No se venden dos pajarillos por un cuadrante? Y ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.
10:30  Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
10:31  Así que, no temáis; de más estima sois vosotros que muchos pajarillos.
10:32  Cualquiera, pues, que me confesare delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en el cielo.
10:33  Y cualquiera que me negare delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en el cielo.
10:34  No penséis que he venido para meter paz en la tierra; no he venido para meter paz, sino espada.
10:35  Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra.
10:36  Y los enemigos del hombre serán los de su propia casa.
10:37  El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama hijo o hija más que a mí, no es digno de mí.
10:38  Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
10:39  El que hallare su vida, la perderá; mas el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
10:40  El que a vosotros recibe, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.
10:41  El que recibe a un profeta en nombre de profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo en nombre de justo, recompensa de justo recibirá.
10:42  Y cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

 

11:1 Y aconteció que acabando Jesús de dar comisión a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y predicar en las ciudades de ellos.
11:2 Y oyendo Juan en la prisión los hechos de Cristo, envió dos de sus discípulos,
11:3 diciéndole: ¿Eres tú Aquél que había de venir, o esperaremos a otro?
11:4 Y respondiendo Jesús les dijo: Id, y decid a Juan las cosas que oís y veis.
11:5 Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es predicado el evangelio.
11:6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
11:7 Y yéndose ellos, comenzó Jesús a decir a las multitudes acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
11:8 ¿O qué salisteis a ver? ¿Un hombre cubierto de ropas delicadas? He aquí, los que visten ropas delicadas, en las casas de los reyes están.
11:9 Mas, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
11:10  Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de ti.
11:11  De cierto os digo: Entre los nacidos de mujer jamás se levantó otro mayor que Juan el Bautista; pero el que es menor en el reino de los cielos, mayor es que él.
11:12  Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.
11:13  Porque todos los profetas y la ley, hasta Juan profetizaron.
11:14  Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir.
11:15  El que tiene oídos para oír, oiga.
11:16  Mas ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros,
11:17  diciendo: Os tañimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis.
11:18  Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene.
11:19  Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores. Mas la sabiduría es justificada de sus hijos.
11:20  Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades donde la mayoría de sus milagros habían sido hechos, porque no se habían arrepentido, diciendo:
11:21  ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Que si los milagros hechos en vosotras, se hubiesen hecho en Tiro y en Sidón, hace mucho que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.
11:22  Por tanto os digo: En el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.
11:23  Y tú, Capernaúm, que hasta el cielo eres levantada, hasta el infierno serás abajada; porque si en Sodoma hubiesen sido hechos los milagros hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.
11:24  Por tanto te digo, que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.
11:25  En aquel tiempo, respondió Jesús y dijo: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.
11:26  Sí, Padre, porque así agradó a tus ojos.
11:27  Todas las cosas me son entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar.
11:28  Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
11:29  Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
11:30  Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

 

12:1 En aquel tiempo iba Jesús por los sembradíos en sábado; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.
12:2 Y viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.
12:3 Mas Él les dijo: ¿No habéis leído qué hizo David cuando tuvo hambre, él y los que con él estaban;
12:4 cómo entró en la casa de Dios, y comió del pan de la proposición, que no le era lícito comer, ni a los que estaban con él, sino sólo a los sacerdotes?
12:5 ¿O no habéis leído en la ley, cómo los sábados en el templo los sacerdotes profanan el sábado y son sin culpa?
12:6 Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.
12:7 Mas si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes.
12:8 Porque el Hijo del Hombre es Señor aun del sábado.
12:9 Y partiendo de allí, vino a la sinagoga de ellos:
12:10  Y he aquí había un hombre que tenía seca una mano. Y le preguntaron para poder acusarle, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?
12:11  Y Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un pozo en sábado, no le eche mano, y la levante?
12:12  Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que es lícito hacer el bien en sábado.
12:13  Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.
12:14  Entonces salieron los fariseos y tomaron consejo contra Él, de cómo le matarían.
12:15  Mas sabiéndolo Jesús, se apartó de allí; y grandes multitudes le seguían, y sanaba a todos.
12:16  Y les encargaba rigurosamente que no le diesen a conocer:
12:17  Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, que dijo:
12:18  He aquí mi siervo, a quien he escogido: Mi amado, en quien se agrada mi alma: Pondré mi Espíritu sobre Él, y a los gentiles anunciará juicio.
12:19  No contenderá, ni voceará; ni nadie oirá en las calles su voz.
12:20  La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio.
12:21  Y en su nombre esperarán los gentiles.
12:22  Entonces fue traído a Él un endemoniado, ciego y mudo, y le sanó; de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.
12:23  Y todo el pueblo estaba maravillado y decía: ¿No es Éste el Hijo de David?
12:24  Mas los fariseos oyéndolo decían: Éste no echa fuera los demonios sino por Belcebú, príncipe de los demonios.
12:25  Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.
12:26  Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?
12:27  Y si yo por Belcebú echo fuera los demonios, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
12:28  Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.
12:29  De otra manera, ¿cómo puede uno entrar a la casa del hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no ata al hombre fuerte? Y entonces podrá saquear su casa.
12:30  El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
12:31  Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu Santo no les será perdonada a los hombres.
12:32  Y a cualquiera que dijere palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero a cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este mundo, ni en el venidero.
12:33  O haced el árbol bueno y su fruto bueno, o haced el árbol malo y su fruto malo, porque el árbol por su fruto es conocido.
12:34  ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
12:35  El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.
12:36  Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que el hombre hablare, de ella dará cuenta en el día del juicio.
12:37  Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
12:38  Entonces respondieron unos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro querríamos ver de ti señal.
12:39  Mas Él respondió y les dijo: La generación perversa y adúltera demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.
12:40  Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches; así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra.
12:41  Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y he aquí, uno mayor que Jonás en este lugar.
12:42  La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y he aquí, uno mayor que Salomón en este lugar.
12:43  Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.
12:44  Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada.
12:45  Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.
12:46  Y cuando Él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y querían hablar con Él.
12:47  Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y quieren hablar contigo.
12:48  Y respondiendo Él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?
12:49  Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.
12:50  Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, y hermana, y madre.

 

13:1 Y aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar.
13:2 Y grandes multitudes se juntaron a Él, y entrando Él en una barca, se sentó, y toda la multitud estaba a la ribera.
13:3 Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
13:4 Y cuando sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.
13:5 Y parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó luego, porque no tenía profundidad de tierra;
13:6 mas salido el sol; se quemó, y porque no tenía raíz, se secó.
13:7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.
13:8 Mas parte cayó en buena tierra y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.
13:9 El que tiene oídos para oír, oiga.
13:10  Entonces vinieron los discípulos, y le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
13:11  Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado el saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.
13:12  Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado
13:13  Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
13:14  Y en ellos se cumple la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, mas no percibiréis.
13:15  Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane.
13:16  Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos porque oyen.
13:17  Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
13:18  Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador.
13:19  Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Éste es el que fue sembrado junto al camino.
13:20  Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al instante la recibe con gozo,
13:21  pero no tiene raíz en sí, sino que es temporal; pues cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego se ofende.
13:22  Y el que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este mundo, y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
13:23  Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye la palabra y la entiende, y lleva fruto; y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta por uno.
13:24  Les relató otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que sembró buena semilla en su campo;
13:25  pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.
13:26  Y cuando la hierba salió y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.
13:27  Y vinieron los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?
13:28  Y él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?
13:29  Mas él dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.
13:30  Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y en el tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí.
13:31  Otra parábola les relató, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo;
13:32  el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, tal, que vienen las aves del cielo y anidan en sus ramas.
13:33  Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.
13:34  Todas estas cosas habló Jesús por parábolas a la multitud, y sin parábolas no les hablaba;
13:35  para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta que dijo: En parábolas abriré mi boca; Enunciaré cosas que han estado escondidas desde la fundación del mundo.
13:36  Entonces Jesús despidió a la multitud, y se fue a casa, y sus discípulos vinieron a Él, y le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.
13:37  Respondiendo Él les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre;
13:38  El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino; y la cizaña son los hijos del malo.
13:39  El enemigo que la sembró, es el diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
13:40  Así como la cizaña es recogida y quemada en el fuego; así será en el fin de este mundo.
13:41  El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todo lo que hace tropezar, y a los que hacen iniquidad;
13:42  Y los lanzarán al horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.
13:43  Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.
13:44  Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo; el cual hallándolo un hombre, lo esconde, y gozoso por ello, va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
13:45  También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas;
13:46  el cual, hallando una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
13:47  Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que fue echada en el mar, y atrapó de toda clase;
13:48  la cual llenándose, la sacaron a la orilla, y sentados, recogieron lo bueno en cestas, y lo malo echaron fuera.
13:49  Así será en el fin del mundo; los ángeles vendrán, y apartarán a los malos de entre los justos,
13:50  y los lanzarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.
13:51  Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor.
13:52  Entonces Él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
13:53  Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, se fue de allí.
13:54  Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene Éste esta sabiduría y estos milagros?
13:55  ¿No es Éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas?
13:56  ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene Éste todas estas cosas?
13:57  Y se escandalizaban en Él. Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.
13:58  Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.

 

14:1 En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó de la fama de Jesús.
14:2 Y dijo a sus siervos: Éste es Juan el Bautista; él ha resucitado de los muertos, y por eso maravillas se manifiestan en él.
14:3 Porque Herodes había prendido a Juan, y le había aprisionado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, esposa de Felipe su hermano,
14:4 porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.
14:5 Y quería matarle, pero temía al pueblo, porque le tenían como a profeta.
14:6 Mas celebrándose el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de ellos, y agradó a Herodes;
14:7 por lo cual él prometió con juramento darle cualquier cosa que ella pidiese.
14:8 Y ella, siendo instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
14:9 Entonces el rey se entristeció, mas por causa del juramento, y de los que estaban sentados con él a la mesa, mandó que se la diesen,
14:10  y envió decapitar a Juan en la cárcel.
14:11  Y fue traída su cabeza en un plato y fue dada a la damisela, y ésta la presentó a su madre.
14:12  Entonces vinieron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron, y fueron y dieron las nuevas a Jesús.
14:13  Y oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto, apartado; y cuando el pueblo lo oyó, le siguió a pie de las ciudades.
14:14  Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.
14:15  Y cuando fue la tarde, sus discípulos vinieron a Él, diciendo: Éste es un lugar desierto, y la hora es ya pasada; despide a la multitud para que vayan a las aldeas y compren para sí de comer.
14:16  Mas Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.
14:17  Y ellos le dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
14:18  Y Él les dijo: Traédmelos acá.
14:19  Entonces mandó a la multitud recostarse sobre la hierba, y tomó los cinco panes y los dos peces, y mirando hacia el cielo, bendijo; y partió y dio los panes a sus discípulos, y los discípulos a la multitud.
14:20  Y comieron todos, y se saciaron; y de los pedazos que sobraron, alzaron doce canastos llenos.
14:21  Y los que comieron eran como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
14:22  Y luego Jesús hizo a sus discípulos entrar en una barca e ir delante de Él al otro lado, mientras Él despedía a las multitudes.
14:23  Y despedidas las multitudes, subió al monte a orar aparte. Y cuando llegó la noche, estaba allí solo.
14:24  Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas, porque el viento era contrario.
14:25  Y a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.
14:26  Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.
14:27  Mas luego Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!
14:28  Entonces le respondió Pedro, diciendo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
14:29  Y Él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.
14:30  Pero viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!
14:31  Y al instante Jesús, extendiendo su mano, trabó de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
14:32  Y cuando ellos entraron en la barca, se calmó el viento.
14:33  Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.
14:34  Y cruzando al otro lado, vinieron a la tierra de Genezaret.
14:35  Y cuando le reconocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a Él todos los enfermos,
14:36  y le rogaban que les dejase tocar tan sólo el borde de su manto; y todos los que le tocaban, quedaban sanos.

 

15:1 Entonces vinieron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo:
15:2 ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Pues no lavan sus manos cuando comen pan.
15:3 Y Él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?
15:4 Porque Dios mandó, diciendo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldijere a su padre o a su madre, muera de muerte.
15:5 Pero vosotros decís: Cualquiera que dijere a su padre o a su madre: Es mi ofrenda todo aquello con que pudiera ayudarte,
15:6 y no honra a su padre o a su madre, será libre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.
15:7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:
15:8 Este pueblo se acerca a mí con su boca, y de labios me honra, pero su corazón lejos está de mí.
15:9 Pero en vano me honran; enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
15:10  Y llamó a sí a la multitud, y les dijo: Oíd, y entended:
15:11  No lo que entra en la boca contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
15:12  Entonces vinieron los discípulos, y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?
15:13  Mas Él respondió y dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.
15:14  Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.
15:15  Entonces respondió Pedro, y le dijo: Decláranos esta parábola.
15:16  Y Jesús les dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento?
15:17  ¿Aún no entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es arrojado en la letrina?
15:18  Pero lo que sale de la boca, del corazón sale, y esto contamina al hombre.
15:19  Porque del corazón salen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.
15:20  Estas cosas son las que contaminan al hombre, pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.
15:21  Y saliendo Jesús de allí, se fue a las costas de Tiro y de Sidón.
15:22  Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí, mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
15:23  Mas Él no le respondió palabra. Y sus discípulos vinieron y le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.
15:24  Y Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
15:25  Entonces ella vino y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.
15:26  Mas Él respondió, y dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.
15:27  Y ella dijo: Sí, Señor, mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.
15:28  Entonces respondiendo Jesús, le dijo: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Sea hecho contigo como quieres. Y su hija fue sana desde aquella hora.
15:29  Y partiendo Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí.
15:30  Y grandes multitudes vinieron a Él, trayendo consigo, a cojos, ciegos, mudos, mancos, y muchos otros, y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó;
15:31  de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos ser sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.
15:32  Y llamando Jesús a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la multitud, porque hace ya tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino.
15:33  Entonces sus discípulos le dicen: ¿De dónde obtendremos tanto pan en el desierto, para saciar a tan grande multitud?
15:34  Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos cuantos pececillos.
15:35  Y mandó a la multitud que se recostase en tierra.
15:36  Y tomando los siete panes y los peces, habiendo dado gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud.
15:37  Y todos comieron, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastos llenos.
15:38  Y los que habían comido fueron cuatro mil hombres, además de las mujeres y los niños.
15:39  Entonces, despedida la multitud, entró en una barca, y vino a las costas de Magdala.

 

16:1 Y vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.
16:2 Mas Él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Hará buen tiempo, porque el cielo tiene arreboles.
16:3 Y a la mañana: Hoy habrá tempestad, porque el cielo tiene arreboles y está nublado. ¡Hipócritas! que sabéis discernir la faz del cielo; ¿Mas las señales de los tiempos no podéis?
16:4 La generación perversa y adúltera demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.
16:5 Y viniendo los discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.
16:6 Entonces Jesús les dijo: Mirad, y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
16:7 Y ellos hablaban entre sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan.
16:8 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: Hombres de poca fe; ¿Por qué habláis entre vosotros, que no trajisteis pan?
16:9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil, y cuántas cestas alzasteis?
16:10  ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?
16:11  ¿Cómo es que no entendéis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?
16:12  Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura de pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
16:13  Y viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
16:14  Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
16:15  Él les dice: ¿Y vosotros quién decís que soy yo?
16:16  Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
16:17  Y respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres Simón hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
16:18  Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
16:19  Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo.
16:20  Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que Él era Jesús el Cristo.
16:21  Desde aquel tiempo comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
16:22  Y Pedro, tomándole aparte, comenzó a reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.
16:23  Entonces Él, volviéndose, dijo a Pedro: Quítate de delante de mí Satanás; me eres tropiezo; porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
16:24  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
16:25  Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
16:26  Porque, ¿qué aprovechará el hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? O, ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?
16:27  Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.
16:28  De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

 

17:1 Y seis días después, Jesús tomó a Pedro, y a Jacobo, y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;
17:2 y se transfiguró delante de ellos; y su rostro resplandeció como el sol, y su vestidura se hizo blanca como la luz.
17:3 Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Él.
17:4 Entonces respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, bueno es que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres tabernáculos; uno para ti, uno para Moisés, y uno para Elías.
17:5 Y mientras Él aún hablaba, una nube resplandeciente los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que dijo: Éste es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento; a Él oíd.
17:6 Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.
17:7 Entonces Jesús vino y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.
17:8 Y alzando ellos sus ojos a nadie vieron, sino a Jesús solo.
17:9 Y cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.
17:10  Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
17:11  Y respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero, y restaurará todas las cosas.
17:12  Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron; sino que hicieron de él todo lo que quisieron: Así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.
17:13  Entonces los discípulos entendieron que les había hablado de Juan el Bautista.
17:14  Y cuando llegaron a la multitud, vino a Él un hombre, y cayendo de rodillas delante de Él, dijo:
17:15  Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece mucho, porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.
17:16  Y le traje a tus discípulos, y no le pudieron sanar.
17:17  Entonces respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.
17:18  Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.
17:19  Entonces viniendo los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?
17:20  Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.
17:21  Pero este género no sale sino por oración y ayuno.
17:22  Y estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres,
17:23  y le matarán; pero al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.
17:24  Y cuando llegaron a Capernaúm, vinieron a Pedro los que cobraban los tributos, diciendo: ¿Vuestro maestro no paga los tributos?
17:25  Él dijo: Sí. Y entrando él en casa, Jesús le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran los impuestos o tributos? ¿De sus hijos, o de los extranjeros?
17:26  Pedro le dijo: De los extranjeros. Jesús le dijo: Luego los hijos están francos.
17:27  Mas para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle su boca, hallarás un estatero; tómalo y dáselo por mí y por ti.

 

18:1 En aquella hora vinieron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
18:2 Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,
18:3 y dijo: De cierto os digo: Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
18:4 Cualquiera, pues, que se humillare como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.
18:5 Y cualquiera que recibiere en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe.
18:6 Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí; mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le sumergiese en lo profundo del mar.
18:7 ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque necesario es que vengan tropiezos, mas ¡ay de aquel hombre por el cual viene el tropiezo!
18:8 Por tanto, si tu mano o tu pie te hacen caer, córtalos y échalos de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.
18:9 Y si tu ojo te hace caer, sácalo y échalo de ti; porque mejor te es entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado en el fuego del infierno.
18:10  Mirad que no tengáis en poco a uno de estos pequeñitos; porque os digo que sus ángeles en el cielo ven siempre la faz de mi Padre que está en el cielo.
18:11  Porque el Hijo del Hombre vino a salvar lo que se había perdido.
18:12  ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se ha descarriado?
18:13  Y si acontece que la halla, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.
18:14  Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en el cielo, que se pierda uno de estos pequeñitos.
18:15  Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.
18:16  Mas si no te oyere, toma aún contigo uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.
18:17  Y si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia, y si no oyere a la iglesia, tenle por étnico y publicano.
18:18  De cierto os digo: Todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.
18:19  Otra vez os digo: Que si dos de vosotros acordaren en la tierra, acerca de cualquiera cosa que pidieren, os será hecha por mi Padre que está en el cielo.
18:20  Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
18:21  Entonces Pedro viniendo a Él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿Hasta siete?
18:22  Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
18:23  Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.
18:24  Y comenzando a hacer cuentas, le fue traído uno que le debía diez mil talentos.
18:25  Mas a éste, no teniendo con qué pagar, su señor mandó venderle, y a su esposa e hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase.
18:26  Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
18:27  Entonces el señor de aquel siervo, fue movido a misericordia, y le soltó y le perdonó la deuda.
18:28  Mas saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios, y sujetándolo del cuello, le dijo: Págame lo que me debes.
18:29  Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
18:30  Pero él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.
18:31  Y cuando sus consiervos vieron lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, dijeron a su señor todo lo que había pasado.
18:32  Entonces llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné porque me rogaste.
18:33  ¿No debías también tú tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?
18:34  Entonces su señor se enojó, y le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.
18:35  Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de vuestro corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

 

19:1 Y aconteció que cuando Jesús hubo acabado estas palabras, se fue de Galilea, y vino a las costas de Judea al otro lado del Jordán.
19:2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.
19:3 Entonces vinieron a Él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su esposa por cualquier causa?
19:4 Él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?
19:5 Y dijo: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne.
19:6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.
19:7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?
19:8 Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras esposas; pero al principio no fue así.
19:9 Y yo os digo: Cualquiera que repudiare a su esposa, a no ser por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera; y el que se casare con la repudiada, adultera.
19:10  Le dicen sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su esposa, no conviene casarse.
19:11  Entonces Él les dijo: No todos pueden recibir esta palabra, sino aquellos a quienes es dado.
19:12  Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.
19:13  Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.
19:14  Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se los impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos.
19:15  Y habiendo puesto sus manos sobre ellos, partió de allí.
19:16  Y he aquí, vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?
19:17  Y Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino uno, Dios. Y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
19:18  Él le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No dirás falso testimonio.
19:19  Honra a tu padre y a tu madre; y: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
19:20  El joven le dice: Todo esto he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?
19:21  Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.
19:22  Y oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
19:23  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.
19:24  Y otra vez os digo: Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
19:25  Al oír esto, sus discípulos se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, entonces, podrá ser salvo?
19:26  Mas Jesús, mirándoles, les dijo: Con los hombres esto es imposible, pero con Dios todo es posible.
19:27  Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?
19:28  Y Jesús les dijo: De cierto os digo: En la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
19:29  Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos, o tierras por mi nombre, recibirá cien tantos, y heredará la vida eterna.
19:30  Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.

 

20:1 Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña.
20:2 Y habiendo acordado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.
20:3 Y saliendo cerca de la hora tercera, vio a otros en la plaza que estaban ociosos,
20:4 y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.
20:5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo.
20:6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban ociosos, y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?
20:7 Ellos le dicen: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo.
20:8 Y cuando cayó la tarde, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
20:9 Y viniendo los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.
20:10  Y cuando vinieron los primeros, pensaban que habían de recibir más, pero ellos también recibieron cada uno un denario.
20:11  Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia,
20:12  diciendo: Estos postreros han trabajado sólo una hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día.
20:13  Mas él respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no acordaste conmigo por un denario?
20:14  Toma lo que es tuyo y vete; pero quiero dar a este postrero igual que a ti.
20:15  ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O es malo tu ojo porque yo soy bueno?
20:16  Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros: Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.
20:17  Y subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:
20:18  He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte;
20:19  y le entregarán a los gentiles para ser escarnecido, azotado, y crucificado, mas al tercer día resucitará.
20:20  Entonces vino a Él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándole y pidiéndole algo.
20:21  Y Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Concede que en tu reino se sienten estos mis dos hijos, el uno a tu mano derecha, y el otro a tu izquierda.
20:22  Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís: ¿Podéis beber la copa que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Ellos le dijeron: Podemos.
20:23  Y Él les dice: A la verdad de mi copa beberéis, y seréis bautizados con el bautismo que yo soy bautizado, pero el sentaros a mi mano derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está aparejado por mi Padre.
20:24  Y oyéndolo los diez, se indignaron contra los dos hermanos.
20:25  Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos autoridad.
20:26  Mas entre vosotros no será así, sino que el que quisiere ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor,
20:27  y el que quisiere ser el primero entre vosotros, sea vuestro servidor,
20:28  así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
20:29  Y saliendo ellos de Jericó, una gran multitud les seguía.
20:30  Y he aquí, dos ciegos sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
20:31  Y la multitud les reprendía para que callasen; pero ellos más clamaban, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
20:32  Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga?
20:33  Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
20:34  Entonces Jesús, teniendo compasión de ellos, tocó sus ojos, y al instante sus ojos recibieron la vista; y le siguieron.

 

21:1 Y cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos; entonces Jesús envió dos discípulos,
21:2 diciéndoles: Id a la aldea que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.
21:3 Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.
21:4 Todo esto fue hecho para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo:
21:5 Decid a la hija de Sión: He aquí tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, y un pollino hijo de animal de yugo.
21:6 Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;
21:7 y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos, y le sentaron encima.
21:8 Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían en el camino.
21:9 Y las multitudes que iban delante y los que iban detrás aclamaban, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!
21:10  Y entrando Él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es Éste?
21:11  Y la multitud decía: Éste es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.
21:12  Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
21:13  y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada, mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
21:14  Y los ciegos y los cojos venían a Él en el templo, y los sanaba.
21:15  Y cuando los príncipes de los sacerdotes y los escribas vieron las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,
21:16  y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dice: Sí: ¿Nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?
21:17  Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania; y posó allí.
21:18  Y por la mañana volviendo a la ciudad, tuvo hambre.
21:19  Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente, y le dijo: Nunca más nazca fruto de ti, por siempre. Y al instante se secó la higuera.
21:20  Y viéndolo los discípulos, maravillados dijeron: ¡Cómo es que tan pronto se secó la higuera!
21:21  Y respondiendo Jesús les dijo: De cierto os digo que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.
21:22  Y todo lo que pidieres en oración, creyendo, lo recibiréis.
21:23  Y cuando vino al templo, mientras enseñaba, vinieron los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciendo: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta autoridad?
21:24  Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os preguntaré una cosa, la cual si me respondiereis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas.
21:25  El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces hablaban entre sí, diciendo: Si dijéremos del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
21:26  Y si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta.
21:27  Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y Él les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
21:28  Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.
21:29  Y respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.
21:30  Y vino al segundo, y le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Yo señor, voy, y no fue.
21:31  ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Ellos le dijeron: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.
21:32  Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.
21:33  Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la arrendó a labradores, y se fue lejos.
21:34  Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.
21:35  Mas los labradores, tomando a los siervos, golpearon a uno, y a otro mataron, y a otro apedrearon.
21:36  Otra vez, envió otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.
21:37  Y a la postre les envió su hijo, diciendo: Respetarán a mi hijo.
21:38  Mas los labradores cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Éste es el heredero, venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad.
21:39  Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.
21:40  Cuando viniere, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?
21:41  Ellos le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y su viña arrendará a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.
21:42  Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza de ángulo: El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos?
21:43  Por tanto os digo: El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a una nación que produzca los frutos de él.
21:44  Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.
21:45  Y oyendo sus parábolas los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos.
21:46  Pero cuando buscaron cómo echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenían por profeta.

 

22:1 Y respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
22:2 El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo bodas a su hijo,
22:3 y envió sus siervos para que llamasen a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.
22:4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, mi comida he aderezado, mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está aparejado; venid a las bodas.
22:5 Mas ellos, lo tuvieron en poco, y se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;
22:6 y los otros, tomando a sus siervos, los afrentaron y los mataron.
22:7 Y oyéndolo el rey, se indignó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y puso a fuego su ciudad.
22:8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están aparejadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.
22:9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.
22:10  Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
22:11  Y cuando el rey vino para ver a los convidados, vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda,
22:12  y le dijo: Amigo, ¿cómo viniste acá sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.
22:13  Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, llevadle y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
22:14  Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos.
22:15  Entonces los fariseos fueron y consultaron de cómo le prenderían en alguna palabra.
22:16  Y le enviaron los discípulos de ellos, con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres.
22:17  Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?
22:18  Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?
22:19  Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.
22:20  Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción?
22:21  Le dijeron: De César. Entonces Él les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.
22:22  Y oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.
22:23  Aquel día, vinieron a Él los saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntaron,
22:24  diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su esposa, y levantará descendencia a su hermano.
22:25  Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos, y el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su esposa a su hermano;
22:26  así también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo.
22:27  Y después de todos murió también la mujer.
22:28  En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será esposa, pues todos la tuvieron?
22:29  Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, no conociendo las Escrituras, ni el poder de Dios.
22:30  Porque en la resurrección ni se casan, ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles de Dios en el cielo.
22:31  Pero en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo:
22:32  Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
22:33  Y oyéndolo la multitud, se maravillaban de su doctrina.
22:34  Y cuando los fariseos oyeron que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una.
22:35  Entonces uno de ellos, intérprete de la ley, por tentarle, le dijo:
22:36  Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?
22:37  Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
22:38  Éste es el primero y grande mandamiento.
22:39  Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
22:40  De estos dos mandamientos pende toda la ley y los profetas.
22:41  Y juntándose los fariseos, Jesús les preguntó,
22:42  diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David.
22:43  Él les dijo: ¿Cómo entonces David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:
22:44  Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
22:45  Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?
22:46  Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

 

23:1 Entonces habló Jesús a la multitud y a sus discípulos,
23:2 diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos:
23:3 Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo, mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.
23:4 Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen en hombros de los hombres; pero ellos ni con su dedo las quieren mover.
23:5 Antes, hacen todas sus obras para ser vistos de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;
23:6 y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas;
23:7 y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres: Rabí, Rabí.
23:8 Mas vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.
23:9 Y no llaméis vuestro padre a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en el cielo.
23:10  Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
23:11  Y el que es mayor entre vosotros, sea vuestro siervo.
23:12  Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
23:13  Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; porque ni entráis, ni a los que están entrando dejáis entrar.
23:14  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y por pretexto, hacéis largas oraciones; por tanto llevaréis mayor condenación.
23:15  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, lo hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.
23:16  ¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor.
23:17  ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?
23:18  Y decís: Cualquiera que jura por el altar, no es nada; pero cualquiera que jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor.
23:19  ¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?
23:20  Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él;
23:21  y el que jura por el templo, jura por él, y por el que en él habita;
23:22  y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquél que está sentado sobre él.
23:23  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y omitís lo más importante de la ley; la justicia, y la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer lo otro.
23:24  ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!
23:25  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, mas por dentro estáis llenos de robo y de desenfreno.
23:26  ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.
23:27  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.
23:28  Así también vosotros, por fuera a la verdad, os mostráis justos a los hombres; mas por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.
23:29  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos,
23:30  y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos participado con ellos en la sangre de los profetas.
23:31  Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.
23:32  ¡Vosotros también henchid la medida de vuestros padres!
23:33  ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?
23:34  Por tanto, he aquí yo os envío profetas, y sabios, y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis; y a algunos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad;
23:35  para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que ha sido derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al cual matasteis entre el templo y el altar.
23:36  De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.
23:37  ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!
23:38  He aquí vuestra casa os es dejada desierta.
23:39  Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

24:1 Y cuando Jesús salió del templo y se iba, vinieron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.
24:2 Y Jesús les dijo: ¿No veis todo esto? De cierto os digo: No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.
24:3 Y sentándose Él en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?
24:4 Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.
24:5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.
24:6 Y oiréis de guerras, y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es menester que todo esto acontezca, pero aún no es el fin.
24:7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá hambres, y pestilencias, y terremotos en muchos lugares.
24:8 Y todo esto será principio de dolores.
24:9 Entonces os entregarán para ser atribulados, y os matarán; y seréis aborrecidos de todas las naciones por causa de mi nombre.
24:10  Y entonces muchos se escandalizarán; y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.
24:11  Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos,
24:12  y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.
24:13  Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.
24:14  Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.
24:15  Por tanto cuando viereis la abominación desoladora, que fue dicha por el profeta Daniel, que estará en el lugar santo (el que lee, entienda).
24:16  Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.
24:17  El que esté en la azotea, no descienda a tomar algo de su casa;
24:18  y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su ropa.
24:19  Y ¡Ay de las que estén encintas, y de las que amamanten en aquellos días!
24:20  Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado;
24:21  porque habrá entonces gran tribulación, cual no ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni jamás habrá.
24:22  Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.
24:23  Entonces si alguno os dijere: He aquí está el Cristo, o allí, no lo creáis.
24:24  Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas; y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuese posible, aun a los escogidos.
24:25  He aquí os lo he dicho antes.
24:26  Así que, si os dijeren: He aquí, está en el desierto, no salgáis: He aquí, en las alcobas, no lo creáis.
24:27  Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.
24:28  Porque dondequiera que esté el cuerpo muerto, allí se juntarán también las águilas.
24:29  E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.
24:30  Y entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
24:31  Y enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.
24:32  De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama enternece, y las hojas brotan, sabéis que el verano está cerca.
24:33  Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas.
24:34  De cierto os digo: No pasará esta generación, hasta que todo esto acontezca.
24:35  El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
24:36  Pero del día y la hora, nadie sabe, ni los ángeles del cielo, sino sólo mi Padre.
24:37  Y como en los días de Noé, así también será la venida del Hijo del Hombre.
24:38  Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,
24:39  y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así también será la venida del Hijo del Hombre.
24:40  Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado:
24:41  Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada.
24:42  Velad, pues, porque no sabéis a que hora ha de venir vuestro Señor.
24:43  Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese en qué vela el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.
24:44  Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.
24:45  ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual su señor puso sobre su familia para que les dé el alimento a tiempo?
24:46  Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.
24:47  De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.
24:48  Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir;
24:49  y comenzare a golpear a sus compañeros, y aun a comer y a beber con los borrachos,
24:50  vendrá el señor de aquel siervo en el día que no lo espera, y a la hora que no sabe,
24:51  y le castigará severamente, y pondrá su parte con los hipócritas: Allí será el lloro y el crujir de dientes.

 

25:1 Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.
25:2 Y cinco de ellas eran prudentes, y cinco insensatas.
25:3 Las insensatas, tomaron sus lámparas, no tomando consigo aceite.
25:4 Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.
25:5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.
25:6 Y a la media noche fue oído un clamor: He aquí, viene el esposo; salid a recibirle.
25:7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.
25:8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.
25:9 Mas las prudentes respondieron, diciendo: No; no sea que no haya suficiente para nosotras y vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras.
25:10  Y entre tanto que ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.
25:11  Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!
25:12  Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo: No os conozco.
25:13  Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.
25:14  Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.
25:15  A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su facultad; y luego partió lejos.
25:16  Y el que había recibido cinco talentos, fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos.
25:17  Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos.
25:18  Mas el que había recibido uno fue y cavó en tierra, y escondió el dinero de su señor.
25:19  Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, e hizo cuentas con ellos.
25:20  Y el que había recibido cinco talentos, vino y trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí, he ganado sobre ellos otros cinco talentos.
25:21  Y su señor le dijo: Bien hecho, siervo bueno y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
25:22  Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí, he ganado sobre ellos, otros dos talentos.
25:23  Su señor le dijo: Bien hecho, siervo bueno y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu señor.
25:24  Entonces vino el que había recibido un talento, y dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;
25:25  y tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.
25:26  Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.
25:27  Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo mío con intereses.
25:28  Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
25:29  Porque al que tiene le será dado, y tendrá abundancia; mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
25:30  Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
25:31  Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria;
25:32  y todas las naciones serán reunidas delante de Él; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos;
25:33  y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda.
25:34  Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
25:35  Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero, y me recogisteis;
25:36  desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.
25:37  Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?
25:38  ¿Y cuándo te vimos extranjero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?
25:39  ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y vinimos a ti?
25:40  Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo: En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
25:41  Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
25:42  Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
25:43  fui extranjero, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.
25:44  Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o extranjero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
25:45  Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo, en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.
25:46  E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

 

26:1 Y aconteció que, cuando Jesús hubo acabado todas estas palabras, dijo a sus discípulos:
26:2 Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua; y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.
26:3 Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo, se reunieron en el palacio del sumo sacerdote llamado Caifás,
26:4 y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle.
26:5 Y decían: No en el día de fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo.
26:6 Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
26:7 vino a Él una mujer, trayendo un frasco de alabastro de ungüento de mucho precio, y lo derramó sobre la cabeza de Él, estando Él sentado a la mesa.
26:8 Al ver esto sus discípulos, se indignaron, diciendo: ¿Por qué este desperdicio?
26:9 Porque este ungüento podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.
26:10  Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues buena obra me ha hecho.
26:11  Porque siempre tenéis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.
26:12  Porque derramando este ungüento sobre mi cuerpo, para mi sepultura lo ha hecho.
26:13  De cierto os digo: Dondequiera que este evangelio fuere predicado en todo el mundo, también lo que ésta ha hecho, será dicho para memoria de ella.
26:14  Entonces uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los príncipes de los sacerdotes,
26:15  y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y convinieron con él por treinta piezas de plata.
26:16  Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.
26:17  Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para que comas la pascua?
26:18  Y Él dijo: Id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos.
26:19  Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y aderezaron la pascua.
26:20  Y cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce.
26:21  Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.
26:22  Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?
26:23  Entonces Él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me ha de entregar.
26:24  A la verdad el Hijo del Hombre va, como está escrito de Él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a tal hombre no haber nacido.
26:25  Entonces Judas, el que le entregaba, respondió y dijo: ¿Soy yo, Maestro? Él le dice: Tú lo has dicho.
26:26  Y comiendo ellos, Jesús tomó el pan, y lo bendijo, y lo partió y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
26:27  Y tomando la copa, habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;
26:28  porque esto es mi sangre del nuevo testamento, la cual es derramada por muchos, para remisión de pecados.
26:29  Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
26:30  Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
26:31  Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque está escrito: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.
26:32  Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
26:33  Respondiendo Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado.
26:34  Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
26:35  Pedro le dice: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
26:36  Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.
26:37  Y tomando a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.
26:38  Entonces Él les dijo: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
26:39  Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si fuere posible, pase de mí esta copa, pero no sea mi voluntad, sino la tuya.
26:40  Y viene a sus discípulos, y les halla durmiendo, y dice a Pedro: ¿Así que, no habéis podido velar conmigo una hora?
26:41  Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
26:42  Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa, sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
26:43  Y vino, y otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.
26:44  Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.
26:45  Entonces viene a sus discípulos y les dice: Dormid ya, y descansad; he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
26:46  Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega.
26:47  Y cuando Él aún hablaba, vino Judas, uno de los doce, y una gran multitud con él, con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes y de los ancianos del pueblo.
26:48  Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle.
26:49  Y luego se acercó a Jesús, y dijo: ¡Salve Maestro! Y le besó.
26:50  Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces vinieron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.
26:51  Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo su mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le cortó su oreja.
26:52  Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.
26:53  O ¿piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y Él me daría más de doce legiones de ángeles?
26:54  ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?
26:55  En aquella hora, dijo Jesús a la multitud: ¿Como contra un ladrón habéis salido, con espadas y palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.
26:56  Pero todo esto es hecho, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
26:57  Y los que prendieron a Jesús, le llevaron a Caifás el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos.
26:58  Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los siervos, para ver el fin.
26:59  Y los príncipes de los sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a muerte,
26:60  pero no lo hallaron; aunque muchos testigos falsos venían, pero no lo hallaron. Y a la postre vinieron dos testigos falsos,
26:61  que dijeron: Éste dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.
26:62  Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?
26:63  Mas Jesús callaba. Y el sumo sacerdote respondiendo, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.
26:64  Jesús le dijo: Tú lo has dicho. Además os digo: Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra de poder, y viniendo en las nubes del cielo.
26:65  Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia.
26:66  ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Culpable es de muerte!
26:67  Entonces le escupieron en su rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban,
26:68  diciendo: Profetízanos, Cristo, ¿quién es el que te golpeó?
26:69  Y Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo.
26:70  Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
26:71  Y cuando salió al pórtico, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús nazareno.
26:72  Y negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.
26:73  Y un poco después llegaron unos que por allí estaban, y dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque tu habla te descubre.
26:74  Entonces comenzó a maldecir, y a jurar, diciendo: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo.
26:75  Y Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le dijo: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.

 

27:1 Y venida la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron consejo contra Jesús para entregarle a muerte.
27:2 Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.
27:3 Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, arrepentido, devolvió las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos,
27:4 diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: ¿Qué a nosotros? Míralo tú.
27:5 Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.
27:6 Y los príncipes de los sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro, porque es precio de sangre.
27:7 Y tomando consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.
27:8 Por lo cual aquel campo fue llamado: Campo de Sangre, hasta el día de hoy.
27:9 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, el precio del estimado, el cual fue apreciado por los hijos de Israel;
27:10  y las dieron por el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.
27:11  Y Jesús estaba en pie delante del gobernador; y el gobernador le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.
27:12  Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes y por los ancianos, nada respondió.
27:13  Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
27:14  Y Él no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.
27:15  Y en el día de la fiesta el gobernador acostumbraba soltar al pueblo a un preso, el que quisiesen.
27:16  Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás.
27:17  Y reuniéndose ellos, Pilato les dijo: ¿A quién queréis que os suelte; a Barrabás, o a Jesús que es llamado el Cristo?
27:18  Porque sabía que por envidia le habían entregado.
27:19  Y estando él sentado en el tribunal, su esposa envió a él, diciendo: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de Él.
27:20  Mas los príncipes de los sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y a Jesús matase.
27:21  Y el gobernador respondiendo, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.
27:22  Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré con Jesús, que es llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!
27:23  Y el gobernador les dijo: Pues, ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
27:24  Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; vedlo vosotros.
27:25  Y respondiendo todo el pueblo dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.
27:26  Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.
27:27  Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de Él a toda la cuadrilla;
27:28  y desnudándole, le pusieron encima un manto de grana.
27:29  Y tejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre su cabeza; y una caña en su mano derecha, e hincada la rodilla delante de Él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!
27:30  Y escupían en Él, y tomando la caña, le herían en la cabeza.
27:31  Y después que le hubieron escarnecido, le quitaron el manto, y poniéndole sus vestiduras, le llevaron para crucificarle.
27:32  Y saliendo, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a cargar su cruz.
27:33  Y cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que quiere decir, el lugar de la calavera,
27:34  le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; y gustando, no quiso beberlo.
27:35  Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestiduras, echando suertes; para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes.
27:36  Y sentados le guardaban allí.
27:37  Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ÉSTE ES JESÚS EL REY DE LOS JUDÍOS.
27:38  Entonces fueron crucificados con Él, dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.
27:39  Y los que pasaban le injuriaban, meneando sus cabezas,
27:40  y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz.
27:41  De esta manera también los príncipes de los sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los ancianos, decían:
27:42  A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar. Si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en Él.
27:43  Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere, porque ha dicho: Yo soy el Hijo de Dios.
27:44  Los ladrones que estaban crucificados con Él, también le injuriaban.
27:45  Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
27:46  Y cerca de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
27:47  Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama Éste.
27:48  Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le daba de beber.
27:49  Y los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.
27:50  Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
27:51  Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló, y las piedras se partieron:
27:52  Y los sepulcros fueron abiertos, y muchos cuerpos de los santos que habían dormido, se levantaron;
27:53  y saliendo de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron a la santa ciudad y aparecieron a muchos.
27:54  Y el centurión y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente Éste era el Hijo de Dios.
27:55  Y muchas mujeres estaban allí mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole.
27:56  Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
27:57  Y cayendo la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también era discípulo de Jesús.
27:58  Éste fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que el cuerpo le fuese entregado.
27:59  Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sabana limpia,
27:60  y lo puso en su sepulcro nuevo, que él había labrado en la roca; y rodó una gran piedra a la puerta del sepulcro, y se fue.
27:61  Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.
27:62  Y el día siguiente, después del día de la preparación, se reunieron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos ante Pilato,
27:63  diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador, viviendo aún, dijo: Después de tres días resucitaré.
27:64  Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.
27:65  Y Pilato les dijo: Tenéis una guardia, id y aseguradlo como sabéis.
27:66  Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, y poniendo guardia.

 

28:1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.
28:2 Y he aquí, fue hecho un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendió del cielo y llegando, removió la piedra de la puerta, y se sentó sobre ella.
28:3 Y su aspecto era como relámpago, y su vestidura blanca como la nieve.
28:4 Y de miedo de él, los guardias temblaron y se quedaron como muertos.
28:5 Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.
28:6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.
28:7 E id presto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, he aquí, os lo he dicho.
28:8 Y ellas, saliendo aprisa del sepulcro, con temor y gran gozo fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos.
28:9 Y mientras iban a dar las nuevas a sus discípulos, he aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.
28:10  Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos para que vayan a Galilea, y allí me verán.
28:11  Y yendo ellas, he aquí unos de la guardia vinieron a la ciudad, y dieron aviso a los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.
28:12  Y reuniéndose con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,
28:13  diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, mientras dormíamos, y lo hurtaron.
28:14  Y si esto llegare a oídos del gobernador, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros.
28:15  Y ellos tomando el dinero, hicieron como fueron instruidos; y este dicho ha sido divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.
28:16  Entonces los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.
28:17  Y cuando le vieron, le adoraron, mas unos dudaban.
28:18  Y Jesús vino y les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
28:19  Por tanto, id, y enseñad a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
28:20  enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado, y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

 

índice de biblia

Libros del Tiempo Final - Página de Inicio


 

[sistema universal de adoracion forzada] [la gran controversia]
[
la Virgen María - ¿está muerta o viva?] [buscando la paz interior]
[
el deseado de todos los siglos] [¿A Cuál Adoramos?]
[
biblia santa - RVG] [1865 Reina Valera Biblia Santa]
 

Es difícilmente posible captar toda la iniquidad y
maldad en este mundo sin leer el libro
Las Dos Babylonias

 

direcciones recomendadas a la sección inglesa de esta pagina web

Trinity - Unbiblical Philosophy?

[Cosmic Conflict]  [Universal System of forced Worship]  [Principles and Doctrines]
[
the other Godhead] [Health Care without Prescription Drugs] [finding Peace within]
[
godhead of nicea]  [is the Virgin Mary dead or alive]  [invitation to Bible Studies]
[
High Points of the New Age] [Love & Passion of Christ] [New Age Adventures]
[
is there Death after Life] [Healthful Living] [early Writings of  Ellen G. White]
[
True Protestantism is dying because?] [Truth and Spiritual Knowledge]
[
New Age Bible Versions] [What happened 508 CE?]
[
bibles with less about Jesus]
[
global power elite]
 

English:
Is the Virgin Mary dead or alive?
For your free copy of this booklet
click here.
 
Español:
La Virgen María - ¿Está Muerta o Viva?
Sólo para leer - ninguna copia impresa disponible más.
 
Français:
La Vierge Marie, est-elle Morte ou Vivante?
Pour votre copie libre de ce livret
clic ici.
 
Deutsch:
Ist die Jungfrau Maria tot oder lebt Sie?
Die Bibel sagt die Warheit,
klick hier.


apoye este sitio web:

PayPal opcional: