Lucas - RVG


Reina Valera - RVG


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Lucas - 22
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Lucas - 24

 

1:1  Puesto que ya muchos han intentado poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros son ciertísimas,
1:2  así como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra;
1:3  me ha parecido también a mí, después de haber entendido perfectamente todas las cosas desde el principio, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo,
1:4  para que conozcas la certeza de las cosas en las que has sido instruido.
1:5  Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; y su esposa era de las hijas de Aarón, llamada Elisabet.
1:6  Y ambos eran justos delante de Dios, andando irreprensibles en todos los mandamientos y estatutos del Señor.
1:7  Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada.
1:8  Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios en el orden de su clase,
1:9  conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte encender el incienso entrando en el templo del Señor.
1:10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.
1:11 Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.
1:12 Y viéndole, se turbó Zacarías, y cayó temor sobre él.
1:13 Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu esposa Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.
1:14 Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.
1:15 Porque será grande delante del Señor; y no beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.
1:16 Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.
1:17 Porque él irá delante de Él en el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y los desobedientes a la sabiduría de los justos, para aparejar un pueblo preparado para el Señor.
1:18 Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi esposa de edad avanzada.
1:19 Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado a hablarte y a darte estas buenas nuevas.
1:20 Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.
1:21 Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se maravillaban de que él se demorase en el templo.
1:22 Y saliendo, no les podía hablar; y entendieron que había visto visión en el templo, porque les hablaba por señas, y quedó mudo.
1:23 Y aconteció que cumpliéndose los días de su ministerio, se fue a su casa.
1:24 Y después de aquellos días concibió su esposa Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo:
1:25 Así me ha hecho el Señor en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.
1:26 Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
1:27 a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.
1:28 Y entrando el ángel a donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.
1:29 Mas ella, cuando le vio, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación sería ésta.
1:30 Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.
1:31 Y he aquí, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.
1:32 Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y le dará el Señor Dios el trono de David su padre:
1:33 Y reinará sobre la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.
1:34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.
1:35 Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también lo Santo que de ti nacerá, será llamado el Hijo de Dios.
1:36 Y he aquí Elisabet tu parienta, ella también ha concebido hijo en su vejez; y éste es el sexto mes para ella, que era llamada la estéril:
1:37 Porque con Dios nada será imposible.
1:38 Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase a mí conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de ella.
1:39 Y en aquellos días levantándose María, se fue aprisa a la montaña, a una ciudad de Judá;
1:40 y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet.
1:41 Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,
1:42 y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
1:43 ¿Y de dónde esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?
1:44 Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
1:45 Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.
1:46 Entonces María dijo: Mi alma engrandece al Señor;
1:47 Y mi espíritu se regocijó en Dios mi Salvador,
1:48 porque ha mirado la bajeza de su sierva; y he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
1:49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre.
1:50 Y su misericordia es en los que le temen, de generación en generación.
1:51 Hizo valentía con su brazo: Esparció a los soberbios en las imaginaciones de sus corazones.
1:52 Derribó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.
1:53 A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos.
1:54 Socorrió a Israel su siervo, acordándose de su misericordia.
1:55 Como habló a nuestros padres, a Abraham, y a su simiente para siempre.
1:56 Y se quedó María con ella como tres meses, y se volvió a su casa.
1:57 Y a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, y dio a luz un hijo.
1:58 Y oyeron sus vecinos y sus parientes que Dios había hecho para con ella grande misericordia, y se regocijaron con ella.
1:59 Y aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías.
1:60 Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.
1:61 Y le dijeron: ¿Por qué? Nadie hay en tu parentela que se llame con ese nombre.
1:62 Entonces hicieron señas a su padre, preguntándole cómo le quería llamar.
1:63 Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.
1:64 Y luego fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios.
1:65 Y vino temor sobre todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.
1:66 Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor era con él.
1:67 Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:
1:68 Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y ha redimido a su pueblo,
1:69 y nos alzó cuerno de salvación en la casa de David su siervo,
1:70 como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio del mundo;
1:71 Que habríamos de ser salvos de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecen;
1:72 para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto;
1:73 Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre,
1:74 que nos habría de conceder, que liberados de la mano de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos,
1:75 en santidad y justicia delante de Él, todos los días de nuestra vida.
1:76 Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor, para aparejar su camino;
1:77 para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para remisión de sus pecados,
1:78 por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que la aurora nos visitó de lo alto,
1:79 para dar luz a los que habitan en tinieblas y sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz.
1:80 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en el desierto hasta el día que se mostró a Israel.

 

2:1  Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.
2:2  Este empadronamiento primero fue hecho siendo Cirenio gobernador de Siria.
2:3  E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
2:4  Y subió también José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;
2:5  para ser empadronado con María su esposa, desposada con él, la cual estaba a punto de dar a luz.
2:6  Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.
2:7  Y dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
2:8  Y había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.
2:9  Y he aquí, el ángel del Señor vino sobre ellos, y la gloria del Señor los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor.
2:10 Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
2:11 Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.
2:12 Y esto os será por señal; hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
2:13 Y repentinamente fue con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan a Dios, y decían:
2:14 Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.
2:15 Y aconteció que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado.
2:16 Y vinieron aprisa, y hallaron a María, y a José, y al niño acostado en el pesebre.
2:17 Y al verlo, hicieron notorio lo que les había sido dicho acerca del niño.
2:18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
2:19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
2:20 Y se volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.
2:21 Y cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESÚS; como fue llamado por el ángel antes que Él fuese concebido en el vientre.
2:22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor
2:23 (Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor),
2:24 y para ofrecer sacrificio, conforme a lo que está dicho en la ley del Señor; un par de tórtolas, o dos palominos.
2:25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo era sobre él.
2:26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.
2:27 Y vino por el Espíritu al templo. Y cuando sus padres metieron al niño Jesús en el templo, para hacer por Él conforme a la costumbre de la ley,
2:28 él entonces le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:
2:29 Señor, ahora despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;
2:30 Porque han visto mis ojos tu salvación,
2:31 La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;
2:32 luz para revelación a los gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel.
2:33 Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de Él.
2:34 Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, Éste es puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel; y por señal a la que será contradicho
2:35 (Y una espada traspasará también tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.
2:36 Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser; la cual era grande de edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad;
2:37 y era viuda como de ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo a Dios de noche y de día con ayunos y oraciones.
2:38 Y ésta, viniendo en la misma hora, también daba gracias al Señor, y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
2:39 Y cuando cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
2:40 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él.
2:41 E iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua.
2:42 Y cuando tuvo doce años, subieron ellos a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.
2:43 Y cuando cumplieron los días, regresando ellos, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo José y su madre.
2:44 Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos;
2:45 y como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole.
2:46 Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.
2:47 Y todos los que le oían, se admiraban de su inteligencia, y de sus respuestas.
2:48 Y cuando le vieron, se asombraron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia.
2:49 Entonces Él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?
2:50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.
2:51 Y descendió con ellos, y vino a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
2:52 Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.

 

3:1  Y en el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,
3:2  siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3:3  Y él vino por toda la tierra alrededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados,
3:4  como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; Enderezad sus sendas.
3:5  Todo valle será llenado, y se bajará todo monte y collado; y lo torcido será enderezado, y los caminos ásperos serán allanados;
3:6  y toda carne verá la salvación de Dios.
3:7  Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá?
3:8  Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir en vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.
3:9  Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
3:10 Y la gente le preguntaba, diciendo: ¿Qué, pues, haremos?
3:11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
3:12 Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?
3:13 Y él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.
3:14 Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis extorsión a nadie ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.
3:15 Y el pueblo estaba en expectativa, y se preguntaban todos en sus corazones en cuanto a Juan, si él sería el Cristo.
3:16 Respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado: Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego.
3:17 Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
3:18 Y así, muchas otras cosas predicaba al pueblo en su exhortación.
3:19 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él a causa de Herodías, esposa de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho,
3:20 sobre todas ellas, añadió además ésta; que encerró a Juan en la cárcel.
3:21 Y aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió,
3:22 y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia.
3:23 Y el mismo Jesús comenzaba a ser como de treinta años, siendo (como se creía) hijo de José, hijo de Elí,
3:24 hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José,
3:25 hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahúm, hijo de Esli, hijo de Nagai,
3:26 hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Simeí, hijo de José, hijo de Judá,
3:27 hijo de Joana, hijo de Rhesa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri,
3:28 hijo de Melqui, hijo de Abdi, hijo de Cosam, hijo de Elmodam, hijo de Er,
3:29 hijo de José, hijo de Eliezer, hijo de Joreim, hijo de Matat, hijo de Leví,
3:30 hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim,
3:31 hijo de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán, hijo de David,
3:32 hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Boaz, hijo de Salmón, hijo de Naasón,
3:33 hijo de Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá,
3:34 hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor,
3:35 hijo de Serug, hijo de Reu, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala,
3:36 hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec,
3:37 hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de Cainán,
3:38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.

 

4:1  Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto
4:2  por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días; pasados los cuales, luego tuvo hambre.
4:3  Entonces el diablo le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.
4:4  Y Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.
4:5  Y le llevó el diablo a un monte alto, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra.
4:6  Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me es entregada, y a quien quiero la doy.
4:7  Si tú, pues, me adorares, todos serán tuyos.
4:8  Y respondiendo Jesús, le dijo: Quítate de delante de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás.
4:9  Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo;
4:10 porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden;
4:11 y: En sus manos te sostendrán, para que no tropieces tu pie en piedra.
4:12 Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
4:13 Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de Él por un tiempo.
4:14 Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y salió su fama por toda la tierra de alrededor.
4:15 Y Él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
4:16 Y vino a Nazaret, donde había sido criado; y entró el día sábado en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.
4:17 Y le fue dado el libro del profeta Isaías. Y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
4:18 El Espíritu del Señor está sobre mí: Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón: Para predicar libertad a los cautivos: Y a los ciegos vista: Para poner en libertad a los quebrantados:
4:19 Para predicar el año agradable del Señor.
4:20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó: Y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él.
4:21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.
4:22 Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es Éste el hijo de José?
4:23 Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaúm, haz también aquí en tu tierra.
4:24 Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.
4:25 Pero en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, en que hubo una gran hambre en toda la tierra;
4:26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda.
4:27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el sirio.
4:28 Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas;
4:29 y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.
4:30 Pero Él, pasando por en medio de ellos, se fue.
4:31 Y descendió a Capernaúm, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los sábados.
4:32 Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.
4:33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz,
4:34 diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos contigo Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
4:35 Y Jesús le reprendió, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno.
4:36 Y todos estaban asombrados, y hablaban entre sí, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen?
4:37 Y su fama se divulgaba por todos los lugares contiguos.
4:38 Y levantándose, salió de la sinagoga, y entró en casa de Simón; y la suegra de Simón estaba con una gran fiebre; y le rogaron por ella.
4:39 Y acercándose a ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les servía.
4:40 Y a la puesta del sol, todos aquellos que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían a Él; y Él ponía las manos sobre cada uno de ellos, y los sanaba.
4:41 Y también salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres Cristo, el Hijo de Dios. Mas reprendiéndolos no les dejaba hablar; porque sabían que Él era el Cristo.
4:42 Y siendo ya de día, salió y se fue a un lugar desierto; y la gente le buscaba, y llegando hasta Él; le detenían para que no se fuera de ellos.
4:43 Pero Él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades yo predique el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.
4:44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

 

5:1  Y aconteció, que estando Él junto al lago de Genezaret, la multitud se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios.
5:2  Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.
5:3  Y entrado en una de estas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.
5:4  Y cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
5:5  Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, hemos trabajado toda la noche, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.
5:6  Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.
5:7  E hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
5:8  Lo cual viendo Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
5:9  Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, a causa de la presa de los peces que habían tomado;
5:10 y asimismo a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora pescarás hombres.
5:11 Y cuando trajeron las barcas a tierra, dejándolo todo, le siguieron.
5:12 Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo a Jesús, se postró sobre su rostro, y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
5:13 Y extendiendo su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.
5:14 Y Él le mandó que no lo dijese a nadie; mas ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio a ellos.
5:15 Pero su fama mucho más se extendía, y grandes multitudes se juntaban para oírle y ser sanados por Él de sus enfermedades.
5:16 Mas Él se apartaba al desierto, y oraba.
5:17 Y aconteció un día, que Él estaba enseñando, y los fariseos y doctores de la ley estaban sentados; los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén: Y el poder del Señor estaba allí para sanarlos.
5:18 Y he aquí unos hombres que traían sobre un lecho a un hombre que estaba paralítico; y procuraban meterle, y ponerle delante de Él.
5:19 Y no hallando por donde meterle a causa de la multitud, subieron a la azotea, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús.
5:20 Y al ver Él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.
5:21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a murmurar, diciendo: ¿Quién es Éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?
5:22 Y Jesús, percibiendo los pensamientos de ellos, respondió y les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones?
5:23 ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?
5:24 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
5:25 Y al instante, se levantó en presencia de ellos, y tomando el lecho en que había estado acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios.
5:26 Y todos estaban asombrados, y glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.
5:27 Y después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.
5:28 Y dejándolo todo, se levantó, y le siguió.
5:29 Y Leví hizo un gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban sentados a la mesa con ellos.
5:30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?
5:31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos.
5:32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
5:33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero tus discípulos comen y beben?
5:34 Y Él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?
5:35 Pero los días vendrán cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán.
5:36 Y les dijo también una parábola: Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo lo rompe, y el remiendo sacado del nuevo no armoniza con el viejo.
5:37 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los odres, y el vino se derramará, y los odres se perderán.
5:38 Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y ambos se conservan.
5:39 Y ninguno que bebiere el añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

 

6:1  Y aconteció en el segundo sábado después del primero, que pasando Él por los sembradíos, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos.
6:2  Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados?
6:3  Respondiendo Jesús les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban;
6:4  cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él?
6:5  Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del sábado.
6:6  Y aconteció también en otro sábado, que Él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha.
6:7  Y le acechaban los escribas y los fariseos, si sanaría en sábado, para hallar de qué acusarle.
6:8  Mas Él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía seca la mano: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie.
6:9  Entonces Jesús les dice: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla?
6:10 Y mirándolos a todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada, sana como la otra.
6:11 Y ellos se llenaron de ira; y hablaban entre sí de qué harían a Jesús.
6:12 Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
6:13 Y cuando fue de día, llamó a sus discípulos, y escogió doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.
6:14 A Simón, al cual también llamó Pedro, y a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
6:15 Mateo y Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el que se llama Zelotes;
6:16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que también fue el traidor.
6:17 Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea y de Jerusalén, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades;
6:18 y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos; y fueron sanados.
6:19 Y toda la multitud procuraba tocarle; porque poder salía de Él, y sanaba a todos.
6:20 Y alzando Él los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.
6:21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
6:22 Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os vituperaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.
6:23 Regocijaos en aquel día, y saltad de gozo; porque he aquí vuestro galardón es grande en el cielo; porque así hacían sus padres a los profetas.
6:24 Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo.
6:25 ¡Ay de vosotros, los que estáis llenos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.
6:26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablaren bien de vosotros! Porque así hacían sus padres a los falsos profetas.
6:27 Mas a vosotros los que oís, digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen;
6:28 Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.
6:29 Y al que te hiriere en una mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, no le impidas llevar aun la túnica.
6:30 Y a cualquiera que te pidiere, dale; y al que tomare lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.
6:31 Y como queréis que os hagan los hombres, así también hacedles vosotros:
6:32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué gracia tendréis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.
6:33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué gracia tendréis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.
6:34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracia tendréis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.
6:35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando nada a cambio; y vuestro galardón será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es benigno para con los ingratos y malos.
6:36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
6:37 No juzguéis, y no seréis juzgados: No condenéis, y no seréis condenados: Perdonad, y seréis perdonados.
6:38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que midiereis, se os volverá a medir.
6:39 Y les dijo una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?
6:40 El discípulo no es mayor que su maestro; mas todo el que es perfecto, será como su Maestro.
6:41 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?
6:42 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en tu ojo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
6:43 Porque no es buen árbol el que da mal fruto; ni árbol malo el que da buen fruto.
6:44 Porque cada árbol por su fruto es conocido. Porque no cosechan higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas.
6:45 El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.
6:46 ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
6:47 Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré a quién es semejante:
6:48 Semejante es al hombre que edificó una casa, y cavó profundo, y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino un torrente, el río dio con ímpetu contra aquella casa, mas no la pudo mover; porque estaba fundada sobre la roca.
6:49 Mas el que oye y no hace, es semejante al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y cayó luego; y fue grande la ruina de aquella casa.

 

7:1  Y cuando acabó todas sus palabras en oídos del pueblo, entró en Capernaúm.
7:2  Y el siervo de un centurión, al cual éste tenía en estima, estaba enfermo y a punto de morir.
7:3  Y cuando oyó de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.
7:4  Y viniendo ellos a Jesús, en seguida le rogaron, diciéndole: Es digno de que le concedas esto;
7:5  porque ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.
7:6  Entonces Jesús fue con ellos. Y cuando ya no estaban lejos de su casa, el centurión le envió unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo;
7:7  por lo que ni siquiera me tuve por digno de venir a ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano.
7:8  Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mi cargo; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
7:9  Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
7:10 Y volviendo a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
7:11 Y aconteció el siguiente día, que Él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con Él muchos de sus discípulos, y una gran multitud.
7:12 Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual también era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.
7:13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.
7:14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban, se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti digo, levántate.
7:15 Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.
7:16 Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.
7:17 Y esta fama de Él salió por toda Judea, y por toda la región de alrededor.
7:18 Y los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas.
7:19 Y llamó Juan a dos de sus discípulos, y los envió a Jesús, preguntando: ¿Eres tú Aquél que había de venir, o esperaremos a otro?
7:20 Y cuando los hombres vinieron a Él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú Aquél que había de venir, o esperaremos a otro?
7:21 Y en la misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de malos espíritus; y a muchos ciegos dio la vista.
7:22 Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, decid a Juan lo que habéis visto y oído; que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres es predicado el evangelio;
7:23 y bienaventurado es aquel que no fuere escandalizado en mí.
7:24 Y cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a las gentes: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña que es agitada por el viento?
7:25 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que visten ropaje precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están.
7:26 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y aun más que profeta.
7:27 Éste es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de ti.
7:28 Porque os digo que entre los nacidos de mujer, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios, mayor es que él.
7:29 Y al oírle todo el pueblo, y los publicanos, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.
7:30 Mas los fariseos y los doctores de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados por él.
7:31 Y dijo el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?
7:32 Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, que dan voces unos a otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis.
7:33 Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.
7:34 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
7:35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.
7:36 Y le rogó uno de los fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
7:37 Y he aquí una mujer de la ciudad que era pecadora, cuando supo que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con ungüento,
7:38 y estando detrás a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.
7:39 Y cuando vio esto el fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Éste, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
7:40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dijo: Di, Maestro.
7:41 Un acreedor tenía dos deudores; el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
7:42 y no teniendo éstos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?
7:43 Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y Él le dijo: Rectamente has juzgado.
7:44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no me diste agua para mis pies; mas ésta ha lavado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con los cabellos de su cabeza.
7:45 No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
7:46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta, ha ungido con ungüento mis pies.
7:47 Por lo cual te digo: Sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas a quien se le perdona poco, poco ama.
7:48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
7:49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es Éste, que también perdona pecados?
7:50 Más Él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

 

8:1  Y aconteció después, que caminaba Él por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con Él,
8:2  y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios,
8:3  y Juana, esposa de Chuza, mayordomo de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.
8:4  Y cuando se juntó una gran multitud, y vinieron a Él de cada ciudad, les dijo por parábola:
8:5  El sembrador salió a sembrar su semilla; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fue hollada; y las aves del cielo la comieron.
8:6  Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.
8:7  Y otra parte cayó entre espinos; y creciendo los espinos juntamente, la ahogaron.
8:8  Y otra parte cayó en buena tierra, y nació, y llevó fruto a ciento por uno. Y hablando estas cosas, dijo a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.
8:9  Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?
8:10 Y Él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
8:11 Ésta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.
8:12 Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo y quita la palabra de su corazón, para que no crean y sean salvos.
8:13 Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que por un tiempo creen, mas en el tiempo de la prueba se apartan.
8:14 Y la que cayó entre espinos; éstos son los que oyen; mas yéndose, son ahogados de los afanes y las riquezas y los placeres de esta vida, y no llevan fruto.
8:15 Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto con paciencia.
8:16 Ninguno que enciende un candil lo cubre con una vasija, o lo pone debajo de la cama; mas lo pone en un candelero, para que los que entran vean la luz.
8:17 Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz.
8:18 Mirad pues cómo oís; porque a todo el que tiene, le será dado; y a todo el que no tiene, aun lo que parece tener le será quitado.
8:19 Entonces vinieron a Él su madre y sus hermanos; y no podían llegar a Él a causa de la multitud.
8:20 Y le fue dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, y quieren verte.
8:21 Entonces respondiendo Él, les dijo: Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios, y la ponen por obra.
8:22 Y aconteció un día que Él entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron.
8:23 Pero mientras navegaban, Él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y se anegaban, y peligraban.
8:24 Y viniendo a Él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado Él, increpó al viento y al levantamiento de las aguas; y cesaron, y fue hecha bonanza.
8:25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos a los otros: ¿Quién es Éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?
8:26 Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está al lado opuesto de Galilea.
8:27 Y llegando Él a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad que tenía demonios por ya mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros.
8:28 Éste, cuando vio a Jesús, dio voces, y postrándose delante de Él, dijo a gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.
8:29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre; porque hacía mucho tiempo que le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; pero rompiendo las cadenas, era arrastrado del demonio a los desiertos.)
8:30 Y Jesús le preguntó, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.
8:31 Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.
8:32 Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.
8:33 Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó por un despeñadero en el lago, y se ahogó.
8:34 Y cuando los que los apacentaban, vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos.
8:35 Y salieron a ver lo que había acontecido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús; vestido, y en su juicio cabal, y tuvieron miedo.
8:36 Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido sanado aquel endemoniado.
8:37 Entonces toda la multitud de la tierra de los gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y Él, subiendo en la barca, se volvió.
8:38 Y aquel hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le permitiese estar con Él; mas Jesús le despidió, diciendo:
8:39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.
8:40 Y aconteció que cuando Jesús volvió, la multitud le recibió con gozo; porque todos le esperaban.
8:41 Y he aquí un varón llamado Jairo, que era príncipe de la sinagoga, vino, y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;
8:42 porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, la multitud le apretaba.
8:43 Y una mujer que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada,
8:44 llegándose por detrás, tocó el borde de su manto; y luego se estancó el flujo de su sangre.
8:45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién me ha tocado?
8:46 Y Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque sé que ha salido poder de mí.
8:47 Entonces, viendo la mujer que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de Él le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo luego había sido sanada.
8:48 Y Él le dijo: Hija, ten buen ánimo; tu fe te ha sanado; ve en paz.
8:49 Hablando aún Él, vino uno del príncipe de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto, no molestes más al Maestro.
8:50 Y oyéndolo Jesús, le respondió, diciendo: No temas; cree solamente, y será sana.
8:51 Y entrado en casa, no dejó entrar a nadie, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la muchacha.
8:52 Y lloraban todos, y hacían duelo por ella. Y Él dijo: No lloréis; no está muerta, sino duerme.
8:53 Y se burlaban de Él, sabiendo que estaba muerta.
8:54 Mas Él echó fuera a todos, y tomándola de la mano, le habló, diciendo: Muchacha, levántate.
8:55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego; y Él mandó que le diesen de comer.
8:56 Y sus padres estaban atónitos; a los cuales Él mandó, que a nadie dijesen lo que había sido hecho.

 

9:1  Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.
9:2  Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.
9:3  Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas cada uno.
9:4  Y en cualquier casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.
9:5  Y si algunos no os recibieren, saliendo de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.
9:6  Y saliendo, recorrían todas las aldeas, predicando el evangelio, y sanando por todas partes.
9:7  Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que Él hacía; y estaba perplejo, porque algunos decían: Juan ha resucitado de los muertos;
9:8  y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.
9:9  Y dijo Herodes: A Juan yo decapité; ¿quién, pues, será Éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.
9:10 Y cuando los apóstoles regresaron, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llama Betsaida.
9:11 Y cuando la gente lo supo, le siguieron; y Él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados.
9:12 Y cuando comenzó a declinar el día; llegan los doce, y le dicen: Despide la multitud, para que vayan a las aldeas, y campos de alrededor, y se alojen y hallen alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto.
9:13 Y Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que vayamos a comprar alimentos para toda esta multitud.
9:14 Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta.
9:15 Y así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos.
9:16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dio a sus discípulos para que pusiesen delante de la multitud.
9:17 Y comieron todos, y se saciaron; y alzaron lo que les sobró, doce canastos de pedazos.
9:18 Y aconteció que estando Él aparte orando, estaban con Él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo?
9:19 Y ellos respondiendo, dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.
9:20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
9:21 Mas Él, amonestándoles, les mandó que a nadie dijesen esto,
9:22 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea rechazado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
9:23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.
9:24 Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.
9:25 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y se pierde a sí mismo, o se destruye?
9:26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando viniere en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.
9:27 Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.
9:28 Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro y a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.
9:29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestidura blanca y resplandeciente.
9:30 Y he aquí dos varones que hablaban con Él, los cuales eran Moisés y Elías;
9:31 que aparecieron con gloria, y hablaban de su partida, la cual Él había de cumplir en Jerusalén.
9:32 Y Pedro y los que estaban con Él, estaban cargados de sueño; y despertando, vieron su gloria, y a los dos varones que estaban con Él.
9:33 Y aconteció que apartándose ellos de Él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí, y hagamos tres tabernáculos, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que decía.
9:34 Y diciendo él esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube.
9:35 Y vino una voz desde la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado; a Él oíd.
9:36 Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.
9:37 Y aconteció que al día siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al encuentro.
9:38 Y he aquí, un hombre de la multitud clamó, diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo; porque es mi único hijo;
9:39 y he aquí un espíritu le toma, y de repente da gritos; y le sacude y le hace echar espuma, e hiriéndole difícilmente se aparta de él.
9:40 Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
9:41 Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros, y os he de soportar? Trae acá tu hijo.
9:42 Y cuando aun se iba acercando, el demonio le derribó y le sacudió violentamente; mas Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y lo devolvió a su padre.
9:43 Y todos estaban maravillados de la grandeza de Dios. Y admirándose todos de todas las cosas que Jesús hacía, dijo a sus discípulos:
9:44 Dejad que estas palabras penetren en vuestros oídos, porque el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres.
9:45 Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.
9:46 Entonces entraron en disputa, de cuál de ellos sería el mayor.
9:47 Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó a un niño, y lo puso junto a sí,
9:48 y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mí nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése será el más grande.
9:49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.
9:50 Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
9:51 Y aconteció, que cumpliéndose el tiempo en que había de ser recibido arriba, Él afirmó su rostro para ir a Jerusalén.
9:52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una aldea de samaritanos, para aparejar para Él.
9:53 Pero no le recibieron, porque su apariencia era como de ir a Jerusalén.
9:54 Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, así como hizo Elías?
9:55 Entonces volviéndose Él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;
9:56 porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.
9:57 Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré a dondequiera que fueres.
9:58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo tienen nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza.
9:59 Y dijo a otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.
9:60 Y Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú, ve, y predica el reino de Dios.
9:61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
9:62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

 

10:1 Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de su faz, a toda ciudad y lugar a donde Él había de venir.
10:2 Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
10:3 Id, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.
10:4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.
10:5 En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa.
10:6 Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.
10:7 Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.
10:8 Y en cualquiera ciudad donde entrareis y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
10:9 Y sanad a los enfermos que en ella hubiere, y decidles: El reino de Dios se ha acercado a vosotros.
10:10  Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
10:11  Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad, sacudimos contra vosotros: Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.
10:12  Y os digo que será más tolerable el castigo para Sodoma en aquel día, que para aquella ciudad.
10:13  ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, hace ya mucho tiempo, que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
10:14  Por tanto, en el juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para vosotras.
10:15  Y tú, Capernaúm, que hasta el cielo eres levantada, hasta el infierno serás arrojada.
10:16  El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que a mí desecha, desecha al que me envió.
10:17  Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
10:18  Y Él les dijo: Yo vi a Satanás caer del cielo como un rayo.
10:19  He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada en ningún modo os dañará.
10:20  Mas no os regocijéis en esto de que los espíritus se os sujetan; antes regocijaos de que vuestros nombres están escritos en el cielo.
10:21  En aquella misma hora Jesús se regocijó en su espíritu, y dijo: Te doy gracias, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí Padre, porque así te agradó.
10:22  Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quisiere revelar.
10:23  Y volviéndose a sus discípulos, les dijo en privado: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:
10:24  Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
10:25  Y he aquí un doctor de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
10:26  Y Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
10:27  Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
10:28  Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.
10:29  Mas él, queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
10:30  Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
10:31  Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó por el otro lado.
10:32  Y asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó por el otro lado.
10:33  Pero un samaritano que transitaba, pasando por donde él estaba, al verle, tuvo compasión de él;
10:34  y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, le llevó al mesón, y cuidó de él.
10:35  Y otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuida de él; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.
10:36  ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones?
10:37  Y él dijo: El que mostró con él misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
10:38  Y aconteció que yendo ellos, entró Él en una aldea; y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa.
10:39  Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
10:40  Pero Marta se distraía en muchos servicios; y vino a Él, diciendo: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile, pues, que me ayude.
10:41  Y respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, estás afanada y turbada con muchas cosas:
10:42  Pero una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

 

11:1 Y aconteció que estaba Él orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.
11:2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11:3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
11:4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.
11:5 Y también les dijo: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, e irá a él a media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,
11:6 porque un amigo mío ha venido a mí de camino, y no tengo qué ponerle delante;
11:7 y él, desde adentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme y dártelos?
11:8 Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, mas por su importunidad, se levantará y le dará todo lo que necesite.
11:9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
11:10  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
11:11  ¿Y quién de vosotros, siendo padre, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente?
11:12  ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
11:13  Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?
11:14  Y estaba Él lanzando un demonio, el cual era mudo; y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló y la gente se maravillaba.
11:15  Mas algunos de ellos decían: Por Belcebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
11:16  Y otros, tentándole, le pedían señal del cielo.
11:17  Mas Él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.
11:18  Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? pues decís que por Belcebú echo yo fuera los demonios.
11:19  Pues si yo echo fuera los demonios por Belcebú, ¿vuestros hijos por quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
11:20  Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.
11:21  Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee.
11:22  Mas si viniere otro más fuerte que él, y le vence, le quita todas las armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
11:23  El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
11:24  Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Regresaré a mi casa de donde salí.
11:25  Y viniendo, la halla barrida y adornada.
11:26  Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, habitan allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.
11:27  Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la multitud, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.
11:28  Y Él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
11:29  Y juntándose la multitud, comenzó a decir: Esta generación mala es: Demandan señal, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás el profeta.
11:30  Porque como Jonás fue señal a los ninivitas, así también será el Hijo del Hombre a esta generación.
11:31  La reina del Sur se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y he aquí uno mayor que Salomón en este lugar.
11:32  Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí uno mayor que Jonás en este lugar.
11:33  Nadie pone en oculto el candil encendido, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.
11:34  La luz del cuerpo es el ojo; así que si tu ojo fuere sincero, también todo tu cuerpo será iluminado; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso.
11:35  Mira pues, que la luz que en ti hay, no sea tinieblas.
11:36  Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara con su resplandor te alumbra.
11:37  Y luego que hubo hablado, le rogó un fariseo que comiese con él; y entrado Jesús, se sentó a la mesa.
11:38  Y el fariseo, cuando lo vio, se maravilló de que no se lavó antes de comer.
11:39  Y el Señor le dijo: Ahora, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera de la copa y del plato; pero por dentro estáis llenos de rapiña y de maldad.
11:40  Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?
11:41  Pero dad limosna de lo que tenéis; y he aquí, todo os es limpio.
11:42  Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza; mas el juicio y el amor de Dios pasáis por alto. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer lo otro.
11:43  ¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
11:44  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros encubiertos, y los hombres que andan encima no lo saben.
11:45  Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros.
11:46  Y Él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que abrumáis a los hombres con cargas pesadas de llevar; mas vosotros ni aun con un dedo las tocáis.
11:47  ¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.
11:48  De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.
11:49  Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré a ellos profetas y apóstoles; y de ellos a unos matarán y a otros perseguirán;
11:50  para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la fundación del mundo;
11:51  desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo. De cierto os digo: Será demandada de esta generación.
11:52  ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis.
11:53  Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarle en gran manera, para provocarle a que hablase de muchas cosas;
11:54  acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.

 

12:1 En esto, juntándose una innumerable multitud, tanto que unos a otros se hollaban, comenzó a decir a sus discípulos primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es hipocresía.
12:2 Porque nada hay encubierto, que no haya de ser revelado; ni oculto, que no haya de ser sabido.
12:3 Por tanto, lo que dijisteis en tinieblas, a la luz será oído; y lo que hablasteis al oído en las alcobas, será pregonado en las azoteas.
12:4 Pero os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.
12:5 Mas os enseñaré a quién debéis temer: Temed a Aquél que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno: Sí, os digo: A Éste temed.
12:6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? Y ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
12:7 Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues, de más estima sois vosotros que muchos pajarillos.
12:8 Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;
12:9 mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
12:10  Y todo aquel que dijere palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
12:11  Y cuando os trajeren a las sinagogas, y a los magistrados y potestades, no os preocupéis de cómo o qué hayáis de responder, o qué hayáis de decir;
12:12  porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debéis de decir.
12:13  Y le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia.
12:14  Mas Él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez o partidor sobre vosotros?
12:15  Y les dijo: Mirad, y guardaos de la avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
12:16  Y les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho;
12:17  y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde almacenar mis frutos?
12:18  Y dijo: Esto haré; derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí almacenaré todos mis frutos y mis bienes;
12:19  y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.
12:20  Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?
12:21  Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.
12:22  Y dijo a sus discípulos: Por tanto os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.
12:23  La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido.
12:24  Considerad los cuervos, que no siembran, ni siegan; que no tienen almacén, ni granero; y Dios los alimenta. ¿Cuánto más sois vosotros de más estima que las aves?
12:25  ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo?
12:26  Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?
12:27  Considerad los lirios, cómo crecen; no labran, ni hilan; y os digo, que Salomón, con toda su gloria, no se vistió como uno de ellos.
12:28  Y si así viste Dios a la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
12:29  Vosotros, pues, no os preocupéis qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni estéis ansiosos.
12:30  Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.
12:31  Mas buscad primeramente el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
12:32  No temáis, manada pequeña; porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.
12:33  Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en el cielo que no se agote; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe.
12:34  Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
12:35  Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas;
12:36  y vosotros, como hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y tocare, luego le abran.
12:37  Bienaventurados aquellos siervos a los cuales cuando el señor venga, halle velando; de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá y les servirá.
12:38  Y si viniere a la segunda vigilia, o aunque viniere a la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.
12:39  Pero esto sabed, que si supiese el padre de familia a qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.
12:40  Vosotros, pues, también, estad apercibidos; porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.
12:41  Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?
12:42  Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que a tiempo les dé su ración?
12:43  Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor viniere, hallare haciendo así.
12:44  En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes.
12:45  Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los siervos y a las criadas, y a comer y beber y a embriagarse;
12:46  vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará severamente, y pondrá su parte con los infieles.
12:47  Porque el siervo que sabiendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho.
12:48  Mas el que sin saberla, hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque al que mucho le es dado, mucho le será demandado; y al que encomendaron mucho, más le será pedido.
12:49  Fuego vine a meter en la tierra; ¿y qué quiero, si ya está encendido?
12:50  Pero de un bautismo me es necesario ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!
12:51  ¿Pensáis que he venido a la tierra a dar paz? No; sino disensión.
12:52  Porque de aquí adelante cinco en una casa estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres.
12:53  El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
12:54  Y decía también a la gente: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así.
12:55  Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace.
12:56  ¡Hipócritas! Sabéis discernir la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no discernís este tiempo?
12:57  ¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo?
12:58  Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de él; para que no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.
12:59  Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado hasta la última blanca.

 

13:1 Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.
13:2 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque han padecido tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?
13:3 Os digo: No, antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
13:4 O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos eran más pecadores que todos los hombres que habitan en Jerusalén?
13:5 Os digo: No, antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
13:6 Dijo también esta parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló.
13:7 Y dijo al viñador: He aquí estos tres años he venido a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿para qué ocupa aún la tierra?
13:8 Él entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que cave a su alrededor, y la estercole.
13:9 Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.
13:10  Y enseñaba en una sinagoga en sábado.
13:11  Y he aquí había una mujer que tenía un espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar.
13:12  Y cuando Jesús la vio, la llamó, y le dijo: Mujer, libre eres de tu enfermedad.
13:13  Y puso sus manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba a Dios.
13:14  Pero el príncipe de la sinagoga respondió indignado porque Jesús hubiese sanado en sábado, y dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de sábado.
13:15  Entonces el Señor respondió, y le dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber?
13:16  Y esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había atado dieciocho años, ¿no debía de ser desatada de esta ligadura en día de sábado?
13:17  Y diciendo Él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios. Y todo el pueblo se regocijaba de todas las cosas gloriosas que eran hechas por Él.
13:18  Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y a qué le compararé?
13:19  Semejante es al grano de mostaza, que tomándolo un hombre lo sembró en su huerto; y creció, y fue hecho árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.
13:20  Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?
13:21  Semejante es a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.
13:22  Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y avanzando hacia Jerusalén.
13:23  Y le dijo uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y Él les dijo:
13:24  Porfiad a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
13:25  Después que el padre de familia se levantare y cerrare la puerta, y estando afuera comenzareis a tocar la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y Él respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis.
13:26  Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.
13:27  Pero Él dirá: Os digo que no sé de dónde seáis; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.
13:28  Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando viereis a Abraham, y a Isaac, y a Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluidos.
13:29  Y vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
13:30  Y he aquí, hay postreros que serán primeros; y primeros que serán postreros.
13:31  Aquel mismo día vinieron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.
13:32  Y Él les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago sanidades hoy y mañana, y al tercer día seré consumado.
13:33  Sin embargo, es necesario que camine hoy, y mañana, y pasado mañana; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.
13:34  ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!
13:35  He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y de cierto os digo que no me veréis hasta que venga el tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

14:1 Y aconteció un día sábado, que yendo a comer pan en casa de un príncipe de los fariseos, ellos le acechaban.
14:2 Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de Él.
14:3 Y respondiendo Jesús, habló a los doctores de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?
14:4 Y ellos callaron. Entonces Él tomándole, le sanó, y le despidió.
14:5 Y les respondió, diciendo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cayere en un pozo, no lo sacará luego en día de sábado?
14:6 Y no le podían replicar a estas cosas.
14:7 Y observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, relató una parábola a los convidados, diciéndoles:
14:8 Cuando fueres convidado de alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él,
14:9 y el que te convidó a ti y a él, venga y te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a tomar el último lugar.
14:10  Mas cuando fueres convidado, ve, y siéntate en el postrer lugar; para que cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se sientan a la mesa.
14:11  Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.
14:12  Y dijo también al que le había convidado: Cuando haces comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que también ellos te vuelvan a convidar, y te sea hecha recompensa.
14:13  Mas cuando haces banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos;
14:14  y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar; mas te será recompensado en la resurrección de los justos.
14:15  Y oyendo esto uno de los que estaban sentados con Él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.
14:16  Él entonces le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.
14:17  Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está aparejado.
14:18  Y comenzaron todos a una a excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.
14:19  Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.
14:20  Y el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.
14:21  Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve presto por las plazas y las calles de la ciudad, y mete acá a los pobres, los mancos, los cojos, y los ciegos.
14:22  Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aún hay lugar.
14:23  Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.
14:24  Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.
14:25  Y grandes multitudes iban con Él; y volviéndose les dijo:
14:26  Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y esposa, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.
14:27  Y cualquiera que no trae su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
14:28  Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y cuenta el costo, si tiene lo que necesita para acabarla?
14:29  No sea que después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren comiencen a hacer burla de él,
14:30  diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.
14:31  ¿O qué rey, yendo a hacer guerra contra otro rey, no se sienta primero y consulta si con diez mil puede salir al encuentro del que viene contra él con veinte mil?
14:32  De otra manera, cuando el otro aún está lejos, le envía embajadores pidiéndole condiciones de paz.
14:33  Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
14:34  Buena es la sal; mas si la sal perdiere su sabor, ¿con qué se sazonará?
14:35  Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.

 

15:1 Y se acercaban a Él todos los publicanos y pecadores para oírle.
15:2 Y murmuraban los fariseos y los escribas, diciendo: Éste a los pecadores recibe, y con ellos come.
15:3 Y Él les relató esta parábola, diciendo:
15:4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
15:5 Y hallándola, la pone sobre sus hombros con gozo;
15:6 y viniendo a casa, reúne a sus amigos y a sus vecinos, diciéndoles: Regocijaos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido.
15:7 Os digo, que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.
15:8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?
15:9 Y cuando la halla, reúne a sus amigas y a sus vecinas, diciendo: Regocijaos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.
15:10  Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
15:11  Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;
15:12  y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me pertenece. Y él les repartió sus bienes.
15:13  Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
15:14  Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.
15:15  Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase puercos.
15:16  Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie le daba.
15:17  Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
15:18  Me levantaré, e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
15:19  ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
15:20  Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, y fue movido a misericordia; y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
15:21  Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
15:22  Pero el padre dijo a sus siervos: Traed la mejor vestidura, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies;
15:23  y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
15:24  porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
15:25  Y su hijo mayor estaba en el campo; el cual cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;
15:26  y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
15:27  Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha matado el becerro grueso, por haberle recibido sano y salvo.
15:28  Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
15:29  Pero él respondiendo, dijo a su padre: He aquí tantos años te he servido, no habiendo desobedecido jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos.
15:30  Pero cuando vino éste, tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has matado para él el becerro grueso.
15:31  Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo.
15:32  Mas era necesario hacer fiesta y gozarnos, porque éste, tu hermano, muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

 

16:1 Y dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él de que había disipado sus bienes.
16:2 Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás ser mayordomo.
16:3 Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? Porque mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza.
16:4 Ya sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.
16:5 Y llamando a cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor?
16:6 Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, y siéntate presto, y escribe cincuenta.
16:7 Después dijo a otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Y él le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.
16:8 Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho astutamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más astutos que los hijos de luz.
16:9 Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando fallareis, os reciban en las moradas eternas.
16:10  El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
16:11  Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?
16:12  Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?
16:13  Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
16:14  Y oían también todas estas cosas los fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de Él.
16:15  Y les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen en alta estima, delante de Dios es abominación.
16:16  La ley y los profetas fueron hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es predicado, y todos se esfuerzan por entrar en él.
16:17  Pero es más fácil que pasen el cielo y la tierra, que fallar una tilde de la ley.
16:18  Cualquiera que repudia a su esposa, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.
16:19  Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.
16:20  Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado a la puerta de él, lleno de llagas,
16:21  y deseaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.
16:22  Y aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Y murió también el rico, y fue sepultado.
16:23  Y en el infierno alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio a Abraham de lejos, y a Lázaro en su seno.
16:24  Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.
16:25  Y Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado, y tú atormentado.
16:26  Y además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
16:27  Y dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
16:28  porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, para que no vengan ellos también a este lugar de tormento.
16:29  Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.
16:30  Él entonces dijo: No, padre Abraham; mas si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.
16:31  Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, aunque alguno se levantare de los muertos.

 

17:1 Entonces dijo a los discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquél por quien vienen!
17:2 Mejor le fuera si se le atase al cuello una piedra de molino, y se le lanzase en el mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.
17:3 Mirad por vosotros. Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
17:4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.
17:5 Y los apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe.
17:6 Y el Señor dijo: Si tuvieres fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.
17:7 ¿Y quién de vosotros teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo le dice luego: Pasa, siéntate a la mesa?
17:8 ¿No le dice más bien: Adereza qué cene, y cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?
17:9 ¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.
17:10  Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.
17:11  Y aconteció que yendo Él a Jerusalén, pasó por medio de Samaria y de Galilea.
17:12  Y entrando en una aldea, le vinieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos,
17:13  y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.
17:14  Y cuando Él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.
17:15  Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz;
17:16  y se postró sobre su rostro a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.
17:17  Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?
17:18  ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?
17:19  Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha sanado.
17:20  Y preguntándole los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, respondió y les dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia;
17:21  ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está.
17:22  Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis.
17:23  Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis tras ellos, ni los sigáis.
17:24  Porque como el relámpago, que resplandeciendo, alumbra de un extremo al otro bajo del cielo, así también será el Hijo del Hombre en su día.
17:25  Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea rechazado de esta generación.
17:26  Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre.
17:27  Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca; y vino el diluvio, y destruyó a todos.
17:28  Asimismo también como fue en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;
17:29  mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos.
17:30  Así también será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.
17:31  En aquel día, el que estuviere en la azotea, y sus pertenencias en casa, no descienda a tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.
17:32  Acordaos de la esposa de Lot.
17:33  Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará.
17:34  Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; uno será tomado, y el otro será dejado.
17:35  Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada.
17:36  Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.
17:37  Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas.

 

18:1 Y les dijo también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar,
18:2 diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.
18:3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
18:4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque no temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,
18:5 mas, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo, al fin me fastidie.
18:6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto.
18:7 ¿Y no cobrará Dios venganza por sus escogidos, que claman a Él día y noche, aunque sea longánimo para con ellos?
18:8 Os digo que presto cobrará venganza por ellos. Pero cuando el Hijo del Hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?
18:9 Y también dijo esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros:
18:10  Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro publicano.
18:11  El fariseo, puesto en pie, oró consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
18:12  ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.
18:13  Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que golpeaba su pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
18:14  Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.
18:15  Y también le traían los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendían.
18:16  Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.
18:17  De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
18:18  Y le preguntó un príncipe, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
18:19  Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino sólo Dios.
18:20  Los mandamientos sabes: No matarás. No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra a tu padre y a tu madre.
18:21  Y él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.
18:22  Y cuando Jesús, oyó esto, le dijo: Aún te falta una cosa: Vende todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
18:23  Entonces él, al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
18:24  Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
18:25  Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
18:26  Y los que oyeron esto, dijeron: ¿Quién, entonces, podrá ser salvo?
18:27  Y Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, posible es para Dios.
18:28  Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.
18:29  Y Él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, o hermanos, o esposa, o hijos, por el reino de Dios,
18:30  que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el mundo venidero la vida eterna.
18:31  Y tomando a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, acerca del Hijo del Hombre.
18:32  Porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido, e injuriado, y escupido.
18:33  Y después que le hubieren azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.
18:34  Pero ellos no entendían nada de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía.
18:35  Y aconteció que acercándose Él a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;
18:36  y oyendo a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello.
18:37  Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno.
18:38  Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
18:39  Y los que iban delante, le reprendían para que callase; mas él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
18:40  Jesús entonces deteniéndose, mandó traerle a sí; y cuando él llegó, le preguntó,
18:41  diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista.
18:42  Y Jesús le dijo: Recibe la vista, tu fe te ha salvado.
18:43  Y al instante recibió la vista, y le seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo cuando lo vio, dio alabanza a Dios.

 

19:1 Y entrando Jesús pasó por Jericó.
19:2 Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era principal de los publicanos, y era rico;
19:3 y procuraba ver quién era Jesús; mas no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.
19:4 Y corriendo delante, se subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.
19:5 Y cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.
19:6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso.
19:7 Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador.
19:8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.
19:9 Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.
19:10  Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
19:11  Y oyendo ellos estas cosas, Él prosiguió y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y porque pensaban que pronto había de ser manifestado el reino de Dios.
19:12  Dijo, pues: Un hombre noble partió a una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver.
19:13  Y llamó diez siervos suyos y les dio diez minas, diciéndoles: Negociad entre tanto que vengo.
19:14  Pero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
19:15  Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar a sí a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
19:16  Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
19:17  Y él le dice: Bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.
19:18  Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha ganado cinco minas.
19:19  E igualmente dijo a éste: Tú también sé sobre cinco ciudades.
19:20  Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo;
19:21  porque tuve miedo de ti, que eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
19:22  Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;
19:23  ¿por qué, pues, no diste mi dinero al banco, para que al venir yo, lo hubiera recibido con los intereses?
19:24  Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene diez minas.
19:25  Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.
19:26  Pues yo os digo que a todo el que tiene le será dado; mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
19:27  Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.
19:28  Y dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén.
19:29  Y aconteció, que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos,
19:30  diciendo: Id a la aldea de enfrente; y entrando en ella, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.
19:31  Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.
19:32  Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.
19:33  Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
19:34  Y ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita.
19:35  Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jesús encima.
19:36  Y yendo Él, tendían sus mantos por el camino.
19:37  Y cuando Él llegó ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto,
19:38  diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!
19:39  Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud, le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.
19:40  Y Él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarían.
19:41  Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,
19:42  diciendo: ¡Oh si hubieses conocido, aun tú, a lo menos en este tu día, lo que toca a tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos.
19:43  Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con vallado, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho,
19:44  y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti; y no dejarán en ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.
19:45  Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él,
19:46  diciéndoles: Escrito está: Mi casa, es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
19:47  Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.
19:48  Y no hallaban qué hacer, porque todo el pueblo estaba muy atento oyéndole.

 

20:1 Y aconteció un día, que enseñando Él al pueblo en el templo, y predicando el evangelio, vinieron los príncipes de los sacerdotes y los escribas, con los ancianos,
20:2 y le hablaron, diciendo: Dinos: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién es el que te ha dado esta autoridad?
20:3 Respondiendo entonces Jesús, les dijo: Os preguntaré yo también una cosa; respondedme:
20:4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?
20:5 Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
20:6 Y si decimos: De los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están convencidos que Juan era profeta.
20:7 Y respondieron que no sabían de dónde era.
20:8 Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os digo con qué autoridad hago estas cosas.
20:9 Y comenzó a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y la arrendó a labradores, y partió lejos por mucho tiempo.
20:10  Y al tiempo, envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores, le golpearon, y le enviaron vacío.
20:11  Y volvió a enviar otro siervo; mas ellos a éste también golpearon, y ultrajándole, le enviaron vacío.
20:12  Y volvió a enviar un tercer siervo; y ellos también a éste hirieron, y le echaron fuera.
20:13  Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá le respetarán cuando le vean.
20:14  Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Éste es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra.
20:15  Y echándole fuera de la viña, le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?
20:16  Vendrá, y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Y cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre!
20:17  Mas Él mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores, ésta vino a ser cabeza del ángulo?
20:18  Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre el que ella cayere, le desmenuzará.
20:19  Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola; mas temieron al pueblo.
20:20  Y acechándole enviaron espías que se fingiesen justos, para sorprenderle en palabras, y así poder entregarle a la potestad y autoridad del gobernador.
20:21  Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de personas; sino que enseñas el camino de Dios con verdad.
20:22  ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?
20:23  Mas Él, entendiendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?
20:24  Mostradme una moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.
20:25  Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César; y a Dios, lo que es de Dios.
20:26  Y no pudieron prenderle en sus palabras delante del pueblo; y se maravillaron de su respuesta, y callaron.
20:27  Entonces vinieron unos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, y le preguntaron,
20:28  diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo esposa, y él muriere sin hijos, que su hermano tome a su esposa, y levante simiente a su hermano.
20:29  Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos.
20:30  Y el segundo la tomó como esposa, el cual también murió sin hijos.
20:31  Y la tomó el tercero; asimismo también los siete; y murieron sin dejar descendencia.
20:32  Y a la postre de todos murió también la mujer.
20:33  En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será esposa? porque los siete la tuvieron por esposa.
20:34  Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este mundo se casan, y se dan en casamiento;
20:35  pero los que fueren tenidos por dignos de aquel mundo y la resurrección de los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.
20:36  Porque no pueden morir ya más; porque son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.
20:37  Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.
20:38  Porque Él no es Dios de muertos, sino de vivos; porque todos viven para Él.
20:39  Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.
20:40  Y no osaron más preguntarle algo.
20:41  Y Él les dijo: ¿Cómo dicen que Cristo es hijo de David?
20:42  Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,
20:43  entre tanto que pongo a tus enemigos por estrado de tus pies.
20:44  Así que David le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?
20:45  Y oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos:
20:46  Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;
20:47  Que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación.

 

21:1 Y mirando, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas.
21:2 Y vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos blancas.
21:3 Y dijo: De verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.
21:4 Porque todos éstos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.
21:5 Y a unos que decían del templo que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo:
21:6 En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.
21:7 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de suceder?
21:8 Él entonces dijo: Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; el tiempo está cerca; por tanto, no vayáis en pos de ellos.
21:9 Y cuando oyereis de guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; mas aún no es el fin.
21:10  Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino;
21:11  Y habrá grandes terremotos en varios lugares, y hambres y pestilencias; y habrá espantos y grandes señales del cielo.
21:12  Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y os traerán ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre.
21:13  Y se os tornará para testimonio.
21:14  Poned, pues, en vuestro corazón no pensar antes cómo habéis de responder;
21:15  porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual ninguno de vuestros adversarios podrá resistir ni contradecir.
21:16  Y seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros.
21:17  Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.
21:18  Mas ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.
21:19  En vuestra paciencia poseed vuestras almas.
21:20  Y cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción está cerca.
21:21  Entonces los que estuvieren en Judea, huyan a los montes; y los que estuvieren en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
21:22  Porque éstos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
21:23  Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que amamanten en aquellos días! porque habrá gran angustia sobre la tierra, e ira sobre este pueblo.
21:24  Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles sean cumplidos.
21:25  Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de naciones en confusión; bramando el mar y las olas;
21:26  desfalleciendo los hombres a causa del temor y expectación de las cosas que vendrán sobre la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.
21:27  Y entonces verán al Hijo del Hombre, viniendo en una nube con poder y gran gloria.
21:28  Y cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.
21:29  Y les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles:
21:30  Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos sabéis que el verano ya está cerca.
21:31  Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
21:32  De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.
21:33  El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán.
21:34  Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.
21:35  Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.
21:36  Velad, pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.
21:37  Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos.
21:38  Y por la mañana todo el pueblo venía a Él para oírle en el templo.

 

22:1 Y se acercaba el día de la fiesta de los panes sin levadura, que es llamada la Pascua.
22:2 Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo.
22:3 Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;
22:4 y éste fue y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría.
22:5 Y ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero.
22:6 Y prometió, y buscó oportunidad para entregárselo en ausencia del pueblo.
22:7 Y vino el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar la pascua.
22:8 Y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos.
22:9 Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos?
22:10  Y Él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare,
22:11  y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?
22:12  Entonces él os mostrará un gran aposento alto aderezado; aparejad allí.
22:13  Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua.
22:14  Y llegada la hora, se sentó a la mesa, y con Él los doce apóstoles.
22:15  Y les dijo: ¡Con cuánto anhelo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!
22:16  Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios.
22:17  Y tomando la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;
22:18  porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
22:19  Y tomando el pan, dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
22:20  De igual manera, después que hubo cenado, tomó también la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo testamento en mi sangre, que por vosotros es derramada.
22:21  Mas he aquí, conmigo en la mesa, la mano del que me entrega.
22:22  Y a la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; mas ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado!
22:23  Ellos entonces comenzaron a preguntar entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto.
22:24  Y hubo también entre ellos una disputa, de quién de ellos sería el mayor.
22:25  Y Él les dijo: Los reyes de los gentiles se enseñorean de ellos; y los que sobre ellos tienen autoridad, son llamados bienhechores;
22:26  mas no así vosotros; antes el que es mayor entre vosotros, sea como el menor; y el que es príncipe, sea como el siervo.
22:27  Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Pero yo soy entre vosotros como el que sirve.
22:28  Mas vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas.
22:29  Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí,
22:30  para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel.
22:31  Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;
22:32  mas yo he rogado por ti para que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.
22:33  Y él le dijo: Señor, presto estoy a ir contigo a la cárcel, y aun a la muerte.
22:34  Y Él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú hayas negado tres veces que me conoces.
22:35  Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.
22:36  Entonces les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene espada, venda su capa y compre una.
22:37  Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fue contado; porque lo que concierne a mí, cumplimiento tiene.
22:38  Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y Él les dijo: Basta.
22:39  Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.
22:40  Y cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.
22:41  Y Él se apartó de ellos como a un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,
22:42  diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
22:43  Y le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.
22:44  Y estando en agonía, oraba más intensamente; y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
22:45  Y cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo de tristeza;
22:46  y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.
22:47  Y mientras Él aún hablaba, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se acercó a Jesús para besarle.
22:48  Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?
22:49  Y viendo los que estaban con Él lo que estaba por acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada?
22:50  Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha.
22:51  Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.
22:52  Entonces Jesús dijo a los príncipes de los sacerdotes, y a los magistrados del templo, y a los ancianos que habían venido contra Él: ¿Como contra un ladrón habéis salido, con espadas y palos?
22:53  Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.
22:54  Y prendiéndole le trajeron, y le metieron en casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos.
22:55  Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos.
22:56  Pero una criada le vio que estaba sentado al fuego, y observándole, dijo: Éste también con Él estaba.
22:57  Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco.
22:58  Y un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no soy.
22:59  Y como una hora después, otro afirmó, diciendo: Verdaderamente éste también estaba con Él, porque es galileo.
22:60  Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y al instante, mientras él aún hablaba, el gallo cantó.
22:61  Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
22:62  Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.
22:63  Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de Él y le golpeaban;
22:64  y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza quién es el que te golpeó.
22:65  Y muchas otras blasfemias decían contra Él.
22:66  Y cuando fue de día, se reunieron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y le trajeron al concilio de ellos,
22:67  diciendo: ¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y Él les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;
22:68  y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis.
22:69  Desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios.
22:70  Entonces todos dijeron: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y Él les dijo: Vosotros decís que lo soy.
22:71  Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.

 

23:1 Levantándose entonces toda la multitud de ellos, le llevaron a Pilato.
23:2 Y comenzaron a acusarle, diciendo: Hemos hallado que Éste pervierte la nación; y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que Él mismo es Cristo; un Rey.
23:3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiendo Él, dijo: Tú lo dices.
23:4 Y Pilato dijo a los príncipes de los sacerdotes, y a la gente: Ninguna falta hallo en este hombre.
23:5 Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.
23:6 Entonces Pilato, al oír, de Galilea, preguntó si el hombre era galileo.
23:7 Y luego que supo que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, el cual también estaba en Jerusalén en aquellos días.
23:8 Y Herodes, viendo a Jesús, se gozó mucho, pues hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de Él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer algún milagro.
23:9 Y le preguntaba con muchas palabras; mas Él nada le respondió.
23:10  Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia.
23:11  Mas Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y le volvió a enviar a Pilato.
23:12  Y aquel mismo día Pilato y Herodes entre ellos se hicieron amigos; porque antes estaban enemistados entre sí.
23:13  Entonces Pilato, convocando a los príncipes de los sacerdotes, y a los magistrados, y al pueblo,
23:14  les dijo: Me habéis presentado a Éste como un hombre que pervierte al pueblo; y he aquí, yo, habiéndole interrogado delante de vosotros, no he hallado en este hombre falta alguna de aquellas cosas de que le acusáis.
23:15  Y ni aun Herodes; porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho.
23:16  Le castigaré, pues, y le soltaré.
23:17  Y tenía necesidad de soltarles uno en la fiesta.
23:18  Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: Fuera con Éste, y suéltanos a Barrabás.
23:19  (El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y por un homicidio.)
23:20  Y les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús.
23:21  Pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!
23:22  Y él les dijo la tercera vez: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho Éste? No he hallado culpa de muerte en Él; le castigaré, pues, y le soltaré.
23:23  Pero ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes prevalecieron.
23:24  Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían;
23:25  y les soltó a aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, al cual habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.
23:26  Y llevándole, tomaron a un Simón cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase en pos de Jesús.
23:27  Y le seguía una gran multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban.
23:28  Mas Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.
23:29  Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron.
23:30  Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos.
23:31  Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?
23:32  Y llevaban también con Él a otros dos, que eran malhechores, a ser muertos.
23:33  Y cuando llegaron al lugar que es llamado El Calvario, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha, y otro a la izquierda.
23:34  Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestiduras, echaron suertes.
23:35  Y el pueblo estaba mirando; y los príncipes con ellos se burlaban de Él, diciendo: A otros salvó: sálvese a sí mismo, si Él es el Cristo, el escogido de Dios.
23:36  Y los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre,
23:37  y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
23:38  Y había también sobre Él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebreas: ÉSTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
23:39  Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.
23:40  Y respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿No temes tú a Dios, aun estando en la misma condenación?
23:41  Y nosotros, a la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas Éste ningún mal hizo.
23:42  Y dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
23:43  Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo: Hoy estarás conmigo en el paraíso.
23:44  Y era como la hora sexta, y hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
23:45  Y el sol se oscureció; y el velo del templo se rasgó por el medio.
23:46  Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.
23:47  Y cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.
23:48  Y toda la multitud de los que estaban presentes a este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho.
23:49  Y todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.
23:50  Y he aquí había un varón llamado José, el cual era consejero y un varón bueno y justo
23:51  (Éste, no había consentido con el consejo ni con los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de los judíos, y quien también esperaba el reino de Dios.
23:52  Éste fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.
23:53  Y bajándolo, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún nadie había sido puesto.
23:54  Y era el día de la preparación; y estaba para comenzar el sábado.
23:55  Y las mujeres que con Él habían venido de Galilea, también le acompañaron y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.
23:56  Y regresando, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.

 

24:1 Y el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.
24:2 Y hallaron removida la piedra del sepulcro.
24:3 Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
24:4 Y aconteció, que estando ellas perplejas de esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;
24:5 y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, ellos les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
24:6 No está aquí, mas ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea,
24:7 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.
24:8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras.
24:9 Y regresando del sepulcro, dijeron todas estas cosas a los once, y a todos los demás.
24:10  Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, las que dijeron estas cosas a los apóstoles.
24:11  Pero a ellos les parecían como locura las palabras de ellas, y no las creían.
24:12  Entonces levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y asomándose hacia adentro, miró los lienzos puestos solos; y se fue maravillándose en sí mismo de aquello que había acontecido.
24:13  Y he aquí, el mismo día dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, que estaba como a sesenta estadios de Jerusalén.
24:14  E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acaecido.
24:15  Y aconteció que mientras conversaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminó con ellos.
24:16  Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen.
24:17  Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis y estáis tristes?
24:18  Y respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú sólo un forastero en Jerusalén, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos días?
24:19  Entonces Él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, el cual fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;
24:20  y cómo los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados, le entregaron a condenación de muerte, y le crucificaron.
24:21  Pero nosotros esperábamos que Él era el que había de redimir a Israel, y además de todo esto, hoy es el tercer día que estas cosas acontecieron.
24:22  Aunque también unas mujeres de entre nosotros nos han asombrado, las cuales antes del amanecer fueron al sepulcro;
24:23  y no hallando su cuerpo, vinieron, diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que Él vive.
24:24  Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho; más a Él no le vieron.
24:25  Entonces Él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!
24:26  ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
24:27  Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, les declaró en todas las Escrituras lo concerniente a Él.
24:28  Y llegando a la aldea a donde iban; Él hizo como que iba más lejos.
24:29  Pero ellos le constriñeron, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.
24:30  Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, y partió, y les dio.
24:31  Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas Él se desapareció de su vista.
24:32  Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
24:33  Y levantándose en la misma hora, se regresaron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos.
24:34  Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.
24:35  Entonces ellos contaron las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.
24:36  Y estando ellos hablando estas cosas, Jesús mismo se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
24:37  Entonces ellos espantados y atemorizados, pensaban que veían un espíritu.
24:38  Mas Él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos en vuestros corazones?
24:39  Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
24:40  Y habiendo dicho esto, les mostró las manos y los pies.
24:41  Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?
24:42  Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.
24:43  Y Él lo tomó, y comió delante de ellos.
24:44  Y les dijo: Éstas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros; que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los Salmos.
24:45  Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;
24:46  y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;
24:47  y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.
24:48  Y vosotros sois testigos de estas cosas.
24:49  Y he aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre: mas vosotros quedaos en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos con poder de lo alto.
24:50  Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo.
24:51  Y aconteció que bendiciéndolos, fue apartado de ellos, y llevado arriba al cielo.
24:52  Y ellos, habiéndole adorado, se regresaron a Jerusalén con gran gozo;
24:53  y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.

 

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