El Trueno de la Justicia y el
Movimiento Mariano


CAPÍTULO - 4
 

El mundo ya se encuentra listo y bien dispuesto para aceptar este engaño que es casi irresistible. De hecho, en la portada del número de diciembre de 1996 de la revista Life apareció una foto de una estatua de María con el siguiente encabezamiento: "Dos mil años después de la Natividad, la madre de Jesús es más QUERIDA, PODEROSA, y CONTROVERSIAL que nunca. El Misterio de MARÍA". El final de este artículo fue de especial interés para mí. Declaraba: "María...podría conducirnos a una reunión ecuménica de las iglesias cristianas. Ello nos podría llevar a una mejor comprensión de aquella joven que dio a luz en Belén hace dos mil años. Llegaríamos a conocer a María...

"¿Podríamos nosotros pedirle a esta muchacha sencilla que dirija lo que se ha convertido ya no en un culto, sino más bien en una enorme y apasionada feligresía, un movimiento que requiere un héroe, un rebaño mundial que por largo tiempo ha exigido más de ella; que en algunas casos ha demandado que ella misma proclame su propio mensaje? Me pregunto: Si María se transformara en un ser puramente humano—si la gente pudiera en verdad extender la mano y tocar a María—¿sería suficiente María?" Amigos míos, cuidado con aquellos que exponen esta clase de pensamientos y que también se refieren a María como "Corredentora, Mediadora, y Abogada". En primer lugar, no hay en la Biblia ninguna referencia a la Virgen María como "Corredentora" de la humanidad. El profeta Isaías, refiriéndose a Jesucristo, escribió lo siguiente: "...y conocerás que yo Jehová soy el Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob" (Isaías 60:16). En el Nuevo Testamento Pablo y Pedro, ambos apóstoles, aludieron de una manera decidida al precio que se pagó y la sangre que se derramó para obtener la redención de la humanidad. Pablo dijo: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios [no a María] en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los
cuales son de Dios" (1 Co. 6:19, 20). Y Pedro nos dice cuál fue el precio de la redención: "...sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir...no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación" (I P. 1:18, 19). Sólo puede haber, entonces, un solo Redentor—Jesucristo, quien pagó el precio del rescate con su propia sangre, habiendo renunciado la vida infinita en el cielo por venir al mundo a redimir la raza humana perdida. En segundo lugar, ¿cómo puede María ser nuestra "Mediadora" cuando que la Biblia explícitamente nos advierte: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre [que el de Jesucristo—véase Hechos 4:10] bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" y "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador [no dos] entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (Hechos 4:12; 1 Timoteo 2:5)? Evidentemente Jesús es el único ser calificado para ser Mediador de la humanidad. Y, en tercer lugar, ¿hubiera la madre de Jesús alguna vez pretendido ser nuestra "Abogada" cuando en 1 Juan 2:1 dice: "...y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo"? ¿Si la verdadera Virgen María estuviera viva, contradiría las palabras de su Hijo? Aún así, el libro El Trueno de la Justicia, que registra muchas de las presuntas declaraciones hechas por la falsa Virgen María a diferentes personas alrededor del mundo, dice que el papel que desempeña María es el de "Corredentora, Mediadora, y Abogada". "Aunque el Calvario fue en primer lugar, y sobre todo, el escenario de sufrimientos de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, éstos también fueron la causa de que Nuestra Señora padeciera heridas místicas ocultas. Dios no quiere que las preciosas heridas de Nuestra Señora permanezcan ocultas por más tiempo, sino que por el contrario, su pueblo debe comprender la singular purificación que la humanidad recibió, y continuará recibiendo, mediante la devoción a las Heridas Ocultas y Místicas de María" (El Trueno de la Justicia, p. 31). ¡Como si ella hubiese sido crucificada y ofrecido una vida infinita por nosotros!

Amigos, ¿fue acaso acerca de las heridas de María que Isaías escribió en su famoso capítulo 53? ¿Acaso fue a ella la que "tuvimos por azotada, por herida de Dios y abatida" y la que fue "molida por nuestros pecados", o la que "como cordero fue llevada al matadero"? ¡No, no! ¡Fue Cristo! Isaías escribió sin rodeos: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.…Angustiado él, y afligido,...como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca" (Isaías 53:4, 5;-7). Fue Jesucristo, el Hijo de Dios, que dijo: "He pisado yo solo [o sea, por mí mismo] el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo [ni siquiera María]..." (Is. 63:3).

A pesar de esto, El Trueno de la Justicia alega además que cuando la supuesta María se le aparece a la gente, algunos de los otros títulos blasfemos que ella emplea para identificarse son los siguientes: "Nuestra Señora de Todas Las Naciones", "La Guardiana de la Fe", "La Inmaculada Concepción", "Purísima y Sin Pecado", "Madre de la Iglesia", "Reina del Santo Rosario", "Nuestra Señora de Guadalupe" (que significa "La que Aplasta la Serpiente"), "Su Inmaculada Esposa [del Espíritu Santo]", La Segunda Eva", o "La Nueva Eva", "La Reina del Mundo", "La Reina de Cielos y Tierra", y último, pero no menos importante, "La Reina de la Nueva Era Venidera".

Por favor, espero que nadie vaya a pensar que le estoy faltando el respeto a María al escribir este libro puesto que yo anhelo y le ruego a Dios que me permita conocerla en la Mañana de la Resurrección cuando los santos salgan de sus sepulcros. Ella desde luego fue una admirable dama cristiana. Por eso fue que Dios la escogió para ser la madre del Mesías. Pero cuando Satanás se vale de la figura de ella como medio para engañar a las almas, entonces yo, cual centinela sobre los muros de Sión, me veo obligado a tocar la trompeta. Por consiguiente, tengo que tomar el tiempo para revelar la blasfemia que implican algunos de estos nombres. Primero, permítaseme comentar sobre dos de los títulos dados a María: "La Inmaculada Concepción" y "Purísima y Sin Pecado". ¿Sabía el lector que cuando se menciona el nombre de "Inmaculada Concepción" casi todo el mundo cree que el título se aplica al nacimiento virginal de Jesús? Pero esto es una equivocación. La Inmaculada Concepción, que es una doctrina católica romana, de ninguna manera se aplica a Jesús. Se refiere al nacimiento de la Virgen María, quien, de acuerdo a la Iglesia Católica Romana, fue concebida sin la mancha del pecado original y por eso es que se la llama "Purísima y Sin Pecado". He aquí lo que enseña oficialmente la Iglesia Católica: "...María, la Virgen Madre de Jesús, por los méritos de su Divino Hijo, fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción en el vientre de su madre Santa Ana. Este gran privilegio se llama la Inmaculada Concepción y fue proclamado un dogma de fe por el Papa Pío IX en 1854. Se celebra cada año como día de precepto el 8 de diciembre" (Catecismo Básico, publicado por Pauline Books & Media, 1985, p. 35). La Biblia, por el contrario, nos dice claramente que "...todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios..." y "No hay justo, ni aun uno..." (Romanos 3:23; y 3:10). Además, queda claramente establecido en los registros genealógicos bíblicos, y también a raíz de que María era una israelita de pura sangre, que ella era descendiente de Abraham por parte de padre y madre. Ahora, nótese esta declaración del Apóstol Pablo en Hebreos 2:16 concerniente a la naturaleza humana de Jesús: "Porque ciertamente no tomó a los ángeles, sino a la simiente de Abraham tomó" [Reina-Valera 1909]. Y Abraham vivió con la herencia de una naturaleza humana caída 2.000 años después que Adán y Eva fueron expulsados del Edén, y varios siglos después que Dios destruyó el mundo por medio de un diluvio a causa de la gran maldad de la humanidad. No obstante, la Iglesia Católica y el Movimiento Sacerdotal Mariano quisieran que creyésemos que María era santa. De hecho, el bien conocido rezo católico, "El Avemaría," incluye las palabras: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". En la obra A Catechism of Christian Doctrine, p.27, la Iglesia Católica acredita que dichas palabras fueron compuestas por ella misma bajo la inspiración del Espíritu Santo. Sin embargo, ni una sola vez en las Escrituras María es llamada "Santa María" pero es todo lo contrario cuando se refieren a Jesús. Las Escrituras, cuyo autor es el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21), al referirse a Jesús, lo llaman "el Santo Ser" y "tu santo hijo Jesús." (Lucas 1:35; Hechos 4:30). ¡Cristo es la única persona en la Biblia cuyo nacimiento humano se describe de esa manera!

Pero de nuevo El Trueno de la Justicia contradice la Palabra de Dios cuando se refiere a lo que ha sido denominado como la "Asunción": "María había sido elevada al cielo.…Puesto que era libre de pecado, su cuerpo no tuvo que sufrir la corrupción de la tumba.…La Iglesia siempre ha sostenido la veracidad de la Asunción de María y en 1950 el Papa Pío XII la declaró oficialmente parte del dogma católico" (p. 47). Esta doctrina, por lo tanto, ha recibido la aprobación infalible del papa. ¿Pero tendrá la aprobación de las Sagradas Escrituras? Los creyentes fieles de la antigua Berea estudiaban las Escrituras "para ver si estas cosas eran así" (Hechos 17:11) y si nosotros también las estudiásemos con el mismo propósito, aprenderíamos que los únicos mortales trasladados al cielo desde los días de Adán hasta el presente fueron Enoc, Moisés, Elías, y muchos santos que fueron resucitados con Cristo cuando él se levantó de los muertos. La Biblia dice de Enoc: "Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios" (Génesis 5:24). Acerca de Elías, la Palabra dice: "…quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo" (2 Reyes 2:1). De Moisés, Judas 9 dice: "Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo disputándole el cuerpo de Moisés", y Mateo 17: 1-3 dice que cuando Jesús se transfiguró, "...les aparecieron [a Pedro, Jacobo, y Juan] Moisés y Elías hablando con él". Por medio de esta impresionante escena, Jesús les dio una vislumbre de su gloria a los tres discípulos que observaban, y aquellos dos valerosos hombres de Dios que aparecieron con él eran perfectos representantes de cada persona que será salva a través de la historia. Moisés, que sucumbió a la muerte, fue resucitado por Cristo, y, por así decirlo, constituía una promesa o garantía para todos los que mueren en Cristo; es decir, que ellos también han de levantarse de los sepulcros en la resurrección de los justos (Juan 5:28, 29; 1 Tesalonicenses 4:16). Elías era un tipo de todos los salvos que estarán vivos y que han de ser trasladados cuando Cristo venga por segunda vez. (1 Tesalonicenses 4:17). Para confirmar que esta es una interpretación correcta, léase Mateo 16:27, 28; 17:1-3 y compárese con el propio parecer de Pedro en 2.Pedro 1:16-18.

Además de estos tres patriarcas antedichos, hubo una multitud de santos que salieron de sus sepulcros cuando Cristo resucitó. Mateo 27:51-53 declara: "...y la tierra tembló...y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos". Efesios 4:8 nos dice que esta gente - como trofeos adicionales - fueron llevados al cielo cuando Cristo ascendió: "Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad (o "llevó cautivos", según algunas versiones), y dio dones a los hombres". ¡Estos héroes de la fe fueron resucitados juntamente con Jesús como parte de la ofrenda antitípica de las "primicias" de la tumba, lo cual constituía una garantía de la gran cosecha final del resto de los redimidos en el Día de Resurrección que será en ocasión de la Segunda Venida! Por otro lado, también es interesante notar que en mi idioma natal, el inglés, la Asunción se llama Assumption, palabra que tiene un doble sentido. Se refiere al dogma de la Iglesia Católica Romana de "la elevación corporal a los cielos de la Virgen María", pero también quiere decir "presunción, suposición, o hipótesis". Hoy día sé más acerca de la "Asunción" que cuando asistía a las escuelas católicas, porque mientras estaba allí, yo sólo suponía que era la pura verdad.

Además, me parece raro que el Apóstol Juan, que algunos años después de la muerte de todos los otros discípulos—a mediados de la década de los 90 del primer siglo D.C.—escribió el Evangelio de Juan y el Apocalipsis (ya en edad avanzada), ni siquiera una vez mencionó que María fue elevada al cielo, como lo pretende Roma. De todos los discípulos, Juan hubiera sido la autoridad definitiva sobre este asunto. Vamos a ver por qué. Poco antes de su muerte en el Calvario, Jesús contempló a su madre y a su discípulo Juan que estaba junto a ella al pie de la cruz. Fijando su mirada sobre el rostro angustiado de María, y luego sobre Juan, "...dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa" (Juan 19:26, 27). ¡Cristo designó a Juan como guardián de su madre mientras ella viviera! "Juan comprendió las palabras de Cristo y aceptó el cometido. Llevó a María a su casa, y desde esa hora la cuidó tiernamente. ¡Oh Salvador compasivo y amante! ¡En medio de todo su dolor físico y su angustia mental, manifestó un reflexivo cuidado por su madre!...Y al recibirla como un sagrado cometido, Juan recibía una gran bendición. Le recordaba constantemente a su amado Maestro." (El Deseado de Todas las Gentes, p. 700). Y Juan escribió sobre este asunto en el Evangelio de Juan un poco antes de su propia muerte, en un tiempo cuando María, mayor que él por unos 25 a 30 años, indudablemente ya había muerto. Entonces, ¿por qué Juan no registró nada sobre su supuesta "Asunción" en las Sagradas Escrituras? ¡Porque sencillamente no ocurrió! ¡Porque ella, al igual que el amado apóstol Juan, está durmiendo tranquilamente en el sepulcro hasta aquel día culminante en que ella escuchará una vez más la voz de su Hijo llamándola a que salga del sepulcro en la gloriosa Mañana de Resurrección!

Pero es cierto que María era "muy favorecida" por Dios y "bendita…entre las mujeres" (Lucas 1:28), por haber sido escogida por Dios para concebir [milagrosamente] en su vientre y dar a luz un hijo a quien llamaría Jesús (Lucas 1:31). No obstante, el versículo siguiente identifica con precisión la única persona que merece ser alabada: "Este [Jesús] será grande, y será llamado Hijo del Altísimo;y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin" (Lucas 1:32, 33). De hecho, unos pocos versículos más adelante, después de haber concebido y salido a visitar a su prima Elisabet, María sencillamente declara con sus propios labios: "Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador" (Lucas 1:46,47). Nótese que María humildemente admite que el hijo que llevaba en su vientre era el Hijo de Dios—el Mesías prometido desde tiempos antiguos y el Libertador de la humanidad que tuvo a bien convertirse en miembro de la raza humana con el fin de salvarla, a quien ella debía ponerle por nombre Jesús. Él era para ella, lo mismo que para el mundo entero, su Salvador—porque el nombre Jesús significa "Jehová [el Señor] salva".

María en ningún momento se forjó la ilusión de ser la "Madre de Dios" [frase de origen católico y que forma parte del "Ave María"] porque ninguno de los miembros de la Deidad tuvo una madre original. El nombre divino Yavé o Jehová lleva como significado básico "El que existe por sí mismo", o el gran "YO SOY". Moisés, quien habló con el gran "YO SOY" por espacio de cuarenta años, claramente entendía esto. En el Salmo 90, del cual él es el autor, escribió, "Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios". Y la profecía de Míqueas 5:2 que identificó con exactitud a Belén de Judea como el lugar de nacimiento del Mesías prometido, lo describe a él como uno cuyas "salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad". María más bien se consideraba como "bendita entre las mujeres", como alguien que había sido "muy favorecida" al ser escogida como el instrumento humano mediante el cual un miembro de la Deidad podría encarnarse como ser humano para efectuar el rescate de la humanidad perdida. Ella era la madre del Mesías, el Dios-Hombre, cuando él transfirió su existencia original a una humana. Se convirtió en el Hijo del Hombre, pero siguió siendo parte de la Deidad - el Hijo de Dios.

María siempre supo conocer y mantenerse en su lugar. Cuando Gabriel le informó que milagrosamente concebiría un hijo por intervención del Espíritu Santo y que "por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.…porque nada hay imposible para Dios", su humilde respuesta fue: "He aquí la sierva [en griego, esclava] del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra" (Lucas 1:35, 37, 38). En el idioma griego "sierva" es doúle, que quiere decir esclava, por la fuerza o por voluntad propia, siendo éste el caso de María. Es una palabra que se usa para designar la esclavitud y la servidumbre propiamente dichas. Pero aunque la palabra se aplica principalmente a la clase de relación que se percibe entre una persona y otra, como en la susodicha declaración de María en la que se reconoce como sierva, de todos modos se aplica a una actitud de sujeción y sumisión de parte del hablante. En todo caso, las palabras de María claramente dan a entender que ella humildemente se sometía a la voluntad de Dios.

Esto vuelve a echarse de ver cuando ella llega de visita a casa de su prima Elisabet, futura madre de Juan el Bautista - mensajero de Cristo que anunciaría su llegada y su misión - y ambas bajo la inspiración del Espíritu Santo se saludan. Habiendo Elisabet reconocido a María como "la madre de mi Señor" (Lucas 1:43), María contestó, como ya se dijo anteriormente: "Engrandece mi alma al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador". Pero nótese cuidadosamente la actitud que reflejan sus comentarios subsiguientes: "Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones" (Lucas 1:46-48). El vocablo "bajeza" en el idioma griego se deriva de una palabra que connota "humillación" o "rebajamiento", y cuadra muy bien con la palabra "sierva" que María se atribuye a sí misma y que quiere decir "esclava" sumisa. Lo que en efecto está diciendo María es lo siguiente: "Socialmente, o en lo que a prestigio se refiere, no soy nadie". Pero luego reconoce inmediatamente que el hijo que llevaba en sus entrañas era el verdadero Héroe cuyas hazañas serían tan admirables y perdurables que todas las futuras generaciones, aun por toda la eternidad, la llamarían "bienaventurada" por haber sido un instrumento humano avenible que con la ayuda divina convirtió en realidad la redención de la humanidad. Cuesta imaginarnos que una mujer que poseyó un grado tal de humildad pueda surgir en
la actualidad como una persona que se atribuye y hace alarde de títulos pretenciosos y obras vanagloriosas, así como ha sido delineado en este capítulo. Resulta interesante notar que no se encuentra en toda la Biblia ni una sola plegaria que se haya elevado a María, ni tampoco un solo instante en que ella haya socorrido a alguien o haya prometido que podría o sería capaz de hacerlo.

Jesús es el Salvador del mundo, el Cordero que fue inmolado, el Portador de pecados, por cuyas llagas y heridas somos curados, la Resurrección y la Vida, nuestro Sumo Sacerdote y Mediador ante el Padre, la "Simiente" de la mujer que heriría la cabeza de la "serpiente", el descendiente de David que gobernaría desde el trono de David para siempre. Nótese esta hermosa y clara profecía del nacimiento del Mesías y su futuro gobierno sobre el trono de su antepasado humano David pronunciada por el "profeta evangélico", Isaías: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro: y se llamará su nombre Admirable consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto" (Isaías 9:6, 7). ¡Esta profecía, amigos míos, abarca y cumple todos los propósitos divinos!

 

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