El Sello de Dios


CAPÍTULO - 11
 

Estimados amigos, basándonos en lo que hemos venido estudiando hasta el momento, podemos ver claramente que la "bestia" o "cuerno pequeño" representa el papado romano. Entonces, ¿qué es la marca de la bestia, es decir, la marca del papado? Antes de contestar esta pregunta, permítanme mostrarles lo que es el sello de Dios. Un sello puede ser un emblema o símbolo estampado en relieve, o una carta que acompaña un documento legal y le da autenticidad. Está relacionado con asuntos legales. Un sello se compone de tres partes: el nombre del oficial o gobernante, su título, y el territorio sobre el cual tiene jurisdicción. La Biblia nos da una clave importante para descrubrir dónde se encuentra el sello de Dios por cuanto dice en Isaías 8:16, "Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos". En realidad, el "nuevo pacto" (Hebreos 8:8) que Dios estableció con su pueblo tiene que ver con su Ley. Leemos en Hebreos 8:10, "Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo". En Apocalipsis capítulo 7, versículos 2 y 3, dice: "Vi también otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y el mar, diciendo: 'No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios'". Por consiguiente, podemos concluir que el sello de Dios tiene algo que ver con la Ley de Dios puesta en nuestras frentes, es decir, nuestras mentes. Detrás de la frente está una parte del cerebro que se llama lóbulo frontal donde el ser humano hace sus decisiones de carácter moral. Es también la parte del cerebro donde se encuentra la conciencia.

La Ley de Dios es conocida como los Diez Mandamientos - sus diez principios de amor. También es llamada "la ley real" o "la ley de la libertad" por la que la humanidad será juzgada, según lo indica el apóstol Santiago. (Véase Santiago 2:8-12; Eclesiastés 12:13,14.) De hecho, la Biblia nos da la siguiente definición del pecado: "El pecado es infracción de la ley [los Diez Mandamientos]" (1 Juan 3:4). Debido a eso, vale decir que Dios está buscando un pueblo obediente—un pueblo en cuyas mentes está escrita su ley moral, su ley de amor, y que mejor prefieren morir que infringir sus mandamientos. Merece notarse que en el mismo seno de los Diez Mandamientos de Dios - los cuales, dicho sea de paso, es imposible guardar a menos que el Espíritu Santo grabe estos preciosos principios en el corazón - aparece el sábado, ¡el solo mandamiento que indica el nombre, el título, el puesto, y el territorio del Dios Todopoderoso! "Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios;... porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó" (Éxodo 20:8-11). Amigos, ¡este es el único lugar donde van ustedes a encontrar el sello de Dios! El mandamiento del sábado contiene su nombre, "Jehová tu Dios"; su título o puesto, [el Creador que] "hizo los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay". Por esta razón Dios declaró por medio del profeta Ezequiel: "Santificad mis sábados, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová, vuestro Dios" (Ezequiel 20:20). Así que el sello de Dios, que ha de estar en el corazón del ser humano, ¡se halla en el corazón de la Ley de Dios! Nótese también que se ordena la santificación del día de sábado. "Vosotros por tanto os santificaréis y seréis santos, porque yo soy santo" (Levítico 11:44). El día es de por sí sagrado porque Dios en la creación hizo tres cosas con él para establecerlo para siempre como símbolo de su propia santidad: descansó junto con el hombre el día de sábado; bendijo el día; y lo santificó (o sea, lo apartó para uso sagrado). Por eso el sábado es, y para siempre será, un día santo. "Sé que todo lo que Dios hace es perpetuo..." (Eclesiastés 3:14). Pero es imposible guardar el sábado mientras quebrantemos uno de los otros nueve mandamientos, o principios de santidad. Por lo tanto, la observancia del día de sábado en un sentido especial abarca o incluye el resto de los Diez Mandamientos los cuales han de estar sellados en el corazón o mente. El sábado, en virtud de su propia función y bajo la dirección del Espíritu Santo "con el cual fuisteis sellados para el día de la redención" (Efesios 4:30) se presta
singularmente para ser el "sello de Dios" .

Bien que me acuerdo de la primera vez que leí acerca del sábado en el libro de Isaías. Una profunda convicción embargó mi ser al enterarme de que este profeta se refería al sábado del Señor como "día santo". Bajo inspiración divina él escribió: "Si retraes del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamas 'delicia', 'santo', 'glorioso de Jehová', y lo veneras, no andando en tus propios caminos ni buscando tu voluntad ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová. Yo te haré subir sobre las alturas de la tierra y te daré a comer la heredad de tu padre Jacob. La boca de Jehová lo ha hablado" (Isaías 58:13, 14). ¡Y, de hecho, unos capítulos más adelante, el profeta Isaías nos dice que en la Tierra Nueva los redimidos adorarán al Señor el día sábado! "'Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí', dice Jehová, 'así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán todos a adorar delante de mí', dice Jehová" (Isaías 63:22,23). Recuerdo que yo me preguntaba, "¿Será posible que Dios le haya ordenado a los seres humanos santificar el sábado o séptimo día en el Huerto de Edén (véase Génesis 2:1-3) y también a su pueblo a través del Antiguo Testamento para luego cambiar el día de sábado a domingo en el Nuevo, y después regresar a la observancia del sábado original en la Tierra Nueva? ¡Claro que no! ¡Qué absurdo es pensar así! Según el Nuevo Testamento, el Señor Jesucristo guardó el sábado "conforme a su costumbre" (Lucas 4:16) y hasta se identificó a sí mismo como "Señor del sábado" (Marcos 2:27, 28). ¡El mismo apóstol San Pablo también observó el sábado "como acostumbraba" (véase Hechos 13:14; 16:13; 17:1,2; 18:4)!

"A través del Nuevo Testamento, que fue escrito años después de la ascensión de Cristo, el Espíritu Santo, refiriéndose al séptimo día, lo llama 'sábado' más de cincuenta veces...En las ordenanzas levíticas o referentes a los holocaustos de los servicios del santuario había sábados y fiestas anuales relacionados con comidas y bebidas y observancias rituales. Pero al establecer estos sábados ceremoniales el Señor específicamente hizo la distinción entre ellos y el único sábado semanal, que existía desde el principio. Dijo: 'Estas son las fiestas solemnes de Jehová...además de los sábados de Jehová'" (Levítico 23:37, 38).

"Las fiestas y sábados anuales, como todas las ordenanzas del servicio levítico, eran sombra de lo que había de venir, y encontraron su cumplimiento en el gran sacrificio expiatorio de Cristo en el Calvario. (Colosenses 2:16, 17.) Pero el sábado del Señor fue bendecido y santificado por Dios en la creación, antes de que el pecado entrara en el mundo, antes de instituirse ningún servicio de holocausto simbólico que prefigurara al futuro Redentor. Es una institución fundamental y primaria que forma parte del orden moral del gobierno divino vigente para el ser humano, y que tiene la misma importancia que los deberes delineados en los otros mandamientos...Descubrimos de esta manera que el sábado es una planta sembrada por el Padre celestial, arraigada profundamente en todas las Sagradas Escrituras, y que perdurará por toda la eternidad en el mundo venidero" (Our Day in the Light of Prophecy, pp. 163, 164).

¿Has pensado alguna vez que la mayoría de los cristianos del mundo guardan solamente nueve mandamientos? ¡Esta puede ser la razón por la que Dios inició el cuarto mandamiento con la palabra "Acuérdate" - ¡debe haber sabido que lo íbamos a olvidar! Además, si hubiera habido un cambio relacionado con el día en que Dios espera que le adoremos y alabamenos, ¿no estaría registrado en la Biblia? ¿Y por qué no hay ni siquiera un solo versículo en las Sagradas Escrituras en favor de la observancia del domingo? Las Escrituras dicen: "Porque yo, Jehová, no cambio...Desde los días de vuestros padres os apartáis de mis leyes y no las guardáis. ¡Volveos a mí y yo me volveré a vosotros!, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Malaquías 3:6, 7). Antes de considerar otros asuntos importantes relacionados con la "marca de la bestia", por favor no olvidemos que Dios procura grabar su Ley en nuestros corazones, pero sólo con nuestro consentimiento, por supuesto. Un pasaje de las Escrituras de mucho valor para mí que confirma esta promesa es 2 Corintios 3:3—"Y es manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón".

Algunos se han preguntado: "¿Cómo puede saberse que el sábado o séptimo día de la semana es el día santo del Señor?" En primer lugar, la Biblia claramente nos dice que "el séptimo día es de reposo para Jehová" (Éxodo 20:10). Y verdaderamente la Biblia dice en Génesis 1 que "Dios creó los cielos y la tierra" (incluyendo las aguas, toda criatura, y la vegetación) en seis días. Y en Génesis 2:2, 3 añade que "reposó el séptimo día de todo cuanto había hecho" y que "bendijo Dios el séptimo día y lo santificó [lo apartó para uso sagrado]". ¡El sábado, instituido en el Edén, constituye el cuarto mandamiento de la Ley de Dios! Busquemos ahora en nuestras biblias, en el Nuevo Testamento, el relato de Semana Santa. Encontramos el relato de la muerte y pasión, sepultura y resurrección de nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio según San Lucas, capítulos 23 y 24. Casi todos los cristianos reconocen que Cristo murió el Viernes Santo y que resucitó el Domingo de Resurrección. Leemos en Lucas 23:54 que el día en que bajaron el cuerpo de Jesús de la cruz "era el día de preparación y estaba para comenzar el sábado". Si el sábado o séptimo día de la semana "estaba para comenzar", entonces el día de preparación cuando murió
Jesús tenía que ser el sexto día de la semana, o sea, Viernes Santo. El versículo 56 nos dice que las mujeres regresaron a sus hogares, prepararon especias aromáticas y ungüentos, y luego "descansaron el sábado, conforme al mandamiento". "El primer día de la semana [lo que el mundo llama Domingo de Resurrección]... Hallaron removida la piedra del sepulcro y no encontraron el cuerpo del Señor Jesús" porque ya había resucitado (Lucas 24:1-3). Nótese, por favor, que murió el viernes, descansó en la tumba el sábado "conforme al mandamiento", y resucitó el domingo. Por lo tanto, ¡el séptimo día de la semana o sábado debe ser el día del Señor, que cae entre el "día de preparación" o sexto día de la semana (viernes), y el primer día de la semana o domingo! Y que nadie se engañe aceptando el argumento de que ahora debemos santificar el domingo en lugar del sábado porque Cristo resucitó ese día. Amigos, ¿nos dicen las Escrituras que este cambio ocurrió? Recuerden que aun la Iglesia Católica dice que no hay ninguna autoridad bíblica para semejante cambio y que ella asume la responsilidad de haber establecido el domingo como día de reposo. Además, ¡nos dice San Pablo en Romanos 6:3-5 que Dios instituyó el bautismo en honor de la resurrección, y no el domingo! Cualquier diccionario de la lengua española define el sábado como "el séptimo día de la semana", añadiendo algunos, como por ejemplo el Diccionario Enciclopédico de la Lengua Española (Vox) que es "el último día de la semana". En inglés hay diccionarios, como el Webster's Ninth New Collegiate Dictionary que dan como primera definición de Sabbath [sábado]: "el séptimo día de la semana observado de viernes de tarde a sábado de tarde como día de descanso y adoración..." Después de todo, ¿no es cierto que aun la Virgen María guardó el sábado o séptimo día? Y, además, ¡cuidado con aquellos calendarios que falsamente ponen el domingo como séptimo día de la semana!

 

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Es difícilmente posible captar toda la iniquidad y
maldad en este mundo sin leer el libro
Las Dos Babylonias
 

El día del fin del mundo es impredecible, pero cuando hay
un intenso odio en todo el mundo contra un pequeño grupo cristiano,
habrá aproximadamente 1 año más. Mientras tanto puede haber
confusión y perplejidad pero puede estar seguro, el día del final,
aquel día nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo,
ni el Hijo, sino el Padre.
(Marcos 13:32)
 

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